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Médico Supremo romance Capítulo 41

—¿Estamos vestidos demasiado informales? ¿Vamos a avergonzar a Raymundo y a su familia?

Al llegar al Hotel Arco Dorado, Diana se sintió un poco insegura y fuera de lugar al notar la interminable corriente de invitados que entraban al hotel. Demetrio, que estaba sentado en una silla de ruedas y era empujado por Fernando, consoló a su esposa.

—Tranquila. Raymundo y su familia no pensarán eso, y las opiniones de los demás no importan.

Fernando pensó para que Raymundo y su familia eran en realidad los más sarcásticos.

«De seguro nos invitaron hoy para presumir de su riqueza y avergonzarnos».

No pronunció esas palabras delante de sus padres.

—Mamá, papá, entremos ya que estamos aquí.

El trío siguió a la multitud y caminó hacia la entrada del hotel. Jimena, que se había arreglado muy bien, y José, que vestía un traje, estaban dando la bienvenida a los invitados. Junto a José estaba su padre, Yahir Hernández. Tenía que estar allí porque Marcelo asistiría al evento en persona. Los padres y el hermano de Jimena no se veían por ninguna parte, pues ya habían entrado al recinto.

—Tío Demetrio, tía Diana, Fer. Ya están aquí.

Jimena percibió a Fernando y a su familia. Sus ojos se iluminaron al instante, incluso se enderezó la espalda mientras una mirada altiva se extendía por su rostro. Demetrio y Diana sonrieron y respondieron:

—Jimena, felicidades por tu compromiso.

Jimena asintió antes de hablar:

—José, estos son mi tío Demetrio y mi tía Diana, ya conociste a mi primo antes. Este es mi prometido, José. Es miembro de la Familia Hernández y del Grupo Pentagón. A su lado está mi suegro, el Señor Yahir Hernández.

Después de escuchar la presentación de Jimena, Demetrio y Diana saludaron.

—Hola. Seremos una familia en el futuro.

Yahir y José los miraron con indiferencia sin dar ninguna respuesta, incluso hubo un destello de desdén en sus ojos. Yahir dijo:

—Primero háganlos pasar, para que no bloqueen el camino a los invitados importantes. El Abuelo Hernández llegará pronto.

Jimena, que planeaba presumir, notó el disgusto de Yahir y les dijo:

—Es suficiente, entren rápido para no bloquear el paso a los invitados distinguidos. Encuentren un rincón apartado para sentarse en el salón, y no se muevan al frente.

Demetrio y Diana se sintieron bastante avergonzados. Podían sentir el desprecio de los tres hacia ellos. Pero, asumieron que Jimena se vio obligada a tratarlos de esa manera y llevaron a Fernando adentro del hotel. Yahir miró con exasperación a la familia de Fernando y reprendió a José:

—Te dije que la familia de tu pareja debería estar a la par con la nuestra. No permitas que estos pobres interactúen mucho con nosotros, o nunca podremos deshacernos de ellos. Además, estas personas no están calificadas para asistir al banquete de compromiso. Encuentra alguna manera de echarlos antes de que llegue tu abuelo.

Dijo todo eso frente a Jimena, ella no se sintió avergonzada ni enojada. Por el contrario, se dio cuenta de lo desconsiderada había sido. Abrazando el brazo de José, dijo:

—Querido, todo esto es mi culpa. Mis padres querían exponer a mi tío Demetrio y a su familia a este tipo de evento, y accedí a que se unieran a nosotros. Si a tu abuelo no le gustan, le diré a mis padres que los echen de inmediato.

—Te dejaré encargarte de eso. Los invitados de hoy son todos miembros distinguidos de la sociedad. La presencia de tus parientes solo bajará el nivel de este lugar.

Al entrar al salón del banquete, Fernando y sus padres encontraron un rincón para sentarse. Mirando el amplio salón, que podía albergar más de cien mesas, Diana estaba un poco nerviosa.

—Él es un miembro de la prestigiosa Familia Hernández, siendo capaz de organizar un espectáculo tan grandioso para un compromiso. ¿Será la ceremonia más magnífica durante la boda oficial? ¿Cuánto dinero costará eso?

Demetrio también estaba impactado. Pero, su madurez le permitió mantener la compostura y guardar lo que pensaba.

—Mamá, mis ceremonias de compromiso y boda en el futuro serán aún más grandiosas que esta, para que tú y papá también puedan sentirse orgullosos —dijo Fernando.

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