Entrar Via

Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1038

A la mañana siguiente, cuando a él se le bajó la borrachera, Jimena volvió a insistir, y obviamente se echaron varios encuentros.

Antes de que los engaños arruinaran todo, tenían una química excelente y una vida sexual muy activa.

Pero cuando él llegaba ahogado en alcohol, Jimena solía ser comprensiva. Lo cuidaba y, de vez en cuando, le reclamaba por tomar tanto, pero nunca intentaba tener relaciones con él en ese estado.

A menos que... ¿estuviera tratando de encubrir algo?

¿La aventura con todos esos tipos había ocurrido justo hace un mes?

En ese caso, ¿el hijo que llevaba en el vientre era suyo o de alguno de ellos?

Con apenas un mes de gestación, era biológicamente imposible saber de quién era. Tendría que esperar varios meses para hacer una prueba de amniocentesis y salir de dudas.

Pero Rodrigo no iba a soportar varios meses con esta tortura.

Justo en ese momento, el malestar lo devoraba por dentro.

¡Estaba convencido de que ese hijo no era suyo!

—Rodrigo, ¿qué tienes? ¿Por qué te quedas callado? ¿En qué piensas? Hasta parece que no te da gusto. ¡Vas a ser papá otra vez! ¿No te emociona? ¿O de plano no quieres que tengamos un bebé?

La apatía de Rodrigo contagió de inmediato la frustración a Jimena.

En el fondo, ella también estaba muerta de miedo.

Temía que el bebé no fuera de él.

Se lo estaba jugando todo a una sola carta, apostando a que el niño llevaba su sangre. Su matrimonio pendía de un hilo y necesitaba urgentemente un bebé para arreglar las cosas.

Además, su propia familia la presionaba a diario para que se embarazara de una vez por todas.

Si no le daba un hijo pronto, Rodrigo iba a terminar poniéndole los cuernos con otra y engendrando bastardos en la calle.

—Jimena... —soltó Rodrigo finalmente—, ¿este hijo de verdad es mío?

El rostro de Jimena se desencajó en un segundo e, instintivamente, le cruzó la cara de una cachetada.

El sonido del golpe resonó en la oficina.

Rodrigo no movió un dedo para detenerla.

Jimena salió de la oficina sollozando y se dirigió a los elevadores.

El secretario la vio con curiosidad, pero no se atrevió a asomarse para preguntar. Solo miró de reojo hacia la oficina del jefe y, al ver que no salía detrás de ella, supuso que habían tenido una pelea marital.

Jimena se metió al elevador y empezó a presionar el botón de cierre a toda prisa, como si temiera que Rodrigo la alcanzara.

En cuanto las puertas se cerraron, se recargó contra la pared metálica y se soltó a llorar amargamente.

Rodrigo dudaba de que el hijo fuera suyo, y lo peor de todo es que ella no tenía forma de demostrarle lo contrario. ¡Ni siquiera ella, la madre, sabía de quién era! ¿De Rodrigo o de aquellos desconocidos?

No conocía los rostros de esos hombres ni sus nombres.

Para cuando había recuperado la conciencia, el lugar estaba completamente vacío.

Ulises tuvo la "amabilidad" de mandar a comprarle ropa limpia, se la arrojó y le indicó que se bañara en el baño de servicio de la planta baja. Después de que se cambió, ordenó a sus hombres que la llevaran de regreso a casa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda