Parecía que su hija le había mencionado a Ulises Peña de paso en alguna ocasión.
No imaginaba que perteneciera a la mafia. Las personas de ese mundo eran crueles y despiadadas; muchos tenían las manos manchadas de sangre, eran verdaderos criminales.
—No fui yo quien se metió con él, fue él quien vino a buscarme.
Vanessa miró el rostro de su hija, con su tez luminosa y sus facciones hermosas, y suspiró:
—Cuando una mujer es tan hermosa, es fácil que atraiga a todo tipo de pretendientes indeseables.
—Mamá, no te preocupes por esto, yo me encargaré. En cuanto a Álvaro, lo pensaré bien y luego decidiré si se lo digo o no.
Este asunto estaba relacionado con los rencores y venganzas de su vida pasada. Isabela no podía explicarlo con claridad, así que solo le quedó consolar a su madre, asegurándole que estaría bien y que lo solucionaría.
—Tienes que decírselo a Álvaro. Dices que tienes miedo de involucrarlo, pero él ya es tu novio. Si ese tal Ulises viene a buscarte, ¿crees que Álvaro podrá mantenerse al margen? Si le avisas, sabrá a qué atenerse y evitará caer en las trampas de Ulises.
Isabela guardó silencio.
—Si Álvaro se entera de que estás en peligro y no se lo dijiste, se pondrá triste y pensará que no confías en él.
—Mamá, déjame pensarlo un poco más. Ya es tarde, ve a dormir. No te preocupes, si Ulises hizo esto, seguramente es porque quiere que yo lo busque.
Sospechaba que Ulises era un renacido. Si Ulises había renacido al igual que ella, entonces, al verla, también sospecharía que ella lo era.
Tal vez Ulises hizo todo esto para obligarla a reunirse con él y así ponerla a prueba para ver si ella también recordaba su vida pasada.
De todos modos, ella quería verlo.
Él solo le había dado la excusa perfecta.
Al ver a su hija tan segura de sí misma y sin intenciones de seguir hablando del tema, Vanessa suspiró en su interior.
Los hijos crecían y tenían sus propias ideas. Cuando no querían que los padres se metieran en sus asuntos, a uno solo le quedaba observar.
Al ver que su hija se convertía cada vez más en una mujer de negocios exitosa, saliendo temprano y regresando tarde todos los días, sin poder relajarse ni siquiera los fines de semana, a Vanessa se le encogía el corazón.
—Este fin de semana no traje trabajo a casa, me acosté temprano.
Vanessa le reprochó:
—¿Temprano? ¿Qué noche no te acuestas hasta la medianoche? A veces te quedas hasta la madrugada. Mamá se da cuenta de todo.
Isabela sonrió:
—Sé que te preocupas por mí, mamá. Está bien, está bien, soy una mala hija por hacerte preocupar. Me acostaré temprano y mañana tomaré el desayuno sin falta.
Mientras lo decía, se acercó y apoyó su mejilla contra la de su madre.
Tener una relación tan cercana entre madre e hija era una verdadera bendición.

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