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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1230

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Isabela no tenía idea de que sus propios abuelos estaban conspirando para asesinarla y quedarse con su fortuna.

Pasó toda la noche teniendo pesadillas. Una y otra vez revivió la espantosa escena de su muerte en su vida pasada. Esa sensación de asfixia la hizo despertar sobresaltada varias veces. Cada vez que abría los ojos, respirando agitada, se tocaba instintivamente el rostro y el cuello.

Solo para asegurarse de que su rostro estaba intacto y de que no había unas manos apretándole la garganta.

Estaba viva. Y estaba a salvo.

Todo eso pertenecía a su vida pasada. Había renacido y, tras cambiar su actitud ante la vida, ahora le iba de maravilla.

Tenía una carrera exitosa, dinero, vivía en una mansión, conducía un auto de lujo y tenía un novio tierno y considerado. Estaba a un paso de tenerlo todo.

Iba a vivir al máximo. Debía borrar las sombras de su vida pasada y mirar siempre hacia adelante.

Cuando por fin amaneció, el constante despertar por las pesadillas la había dejado exhausta. Su estado de ánimo era un desastre.

Se levantó con un ligero dolor de cabeza, se masajeó las sienes y se lavó la cara con agua fría para despabilarse un poco.

Se puso ropa deportiva y bajó a correr. No necesitaba salir; trotar un par de vueltas por el enorme jardín de la propiedad era ejercicio suficiente.

La mansión que Elías Silva le había dejado era inmensa, incluso un poco más grande que la casa de al lado, donde él vivía ahora.

El patio trasero era aún más espacioso que el delantero. Isabela solía hacer su rutina matutina allí, bordeando todo el perímetro.

Dar dos vueltas completas le tomaba más de una hora y la dejaba agotada, así que rara vez lo hacía, a menos que fuera fin de semana y tuviera tiempo de sobra para descansar.

—Isa, ¿ya estás despierta? Aún es temprano, ¿por qué no duermes un poco más?

Su tía, que estaba preparando el desayuno para todos, la vio bajar vestida para hacer ejercicio.

—Parece que va a llover, no corras por mucho tiempo. Vuelve pronto —le advirtió para que no se mojara.

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