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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1233

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Que la abuela de Elías quisiera invitar a un experto y él no se opusiera, ¿significaba que ahora él también empezaba a creer en esas cosas? ¿O tal vez solo buscaba algo de consuelo emocional?

Pero el Maestro era auténtico, había logrado ver que ella había renacido, definitivamente no era un charlatán. Si la señora Fátima lo había traído, seguro le diría cosas interesantes.

Isabela sentía como si tuviera un nudo de curiosidad en el pecho, pero sabía que no era correcto entrometerse en la casa ajena.

Le envió otro mensaje a Elías pidiéndole que, cuando el Maestro terminara con él, le pidiera que leyera su destino también, o que al menos le contara todo lo que le hubiera dicho.

Elías no tardó en responderle con un simple emoji de asentimiento.

Con eso, Isabela dio media vuelta hacia el patio trasero y retomó su trote matutino.

Sin embargo, su mente seguía en la casa de al lado. Al poco tiempo perdió el ritmo y las ganas de correr. Regresó al interior, subió a darse una ducha caliente, se puso ropa cómoda y bajó al comedor.

Su madre y su tío ya estaban levantados.

Se encontraban desayunando, y al verla bajar, Vanessa Ortiz la llamó:

—Isa, ven a desayunar.

En ese instante, el estallido de un trueno sacudió la casa. Empezó a relampaguear, el viento sopló con fuerza y pronto se desató un aguacero.

Isabela se sentó en la mesa mientras decía:

—Menos mal que regresé, empezó a llover muy fuerte.

—Con la lluvia el clima estará más fresco. Hoy no tendré que regar las verduras; cuando escampe iré a recoger algunas para el almuerzo —comentó su tío Héctor entre bocados.

El otoño en Nuevo Horizonte seguía siendo asfixiante, y casi nunca llovía.

Incluso cuando entraba el invierno no hacía verdadero frío. Solían decir que en Nuevo Horizonte el verano duraba más de medio año.

Y cuando no llovía, el sol inclemente era insoportable.

—Isa, te ves un poco demacrada. ¿Otra vez dormiste mal? —preguntó su madre al notar su rostro cansado.

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