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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1252

—Aún no tenemos noticias de Isabela.

El tono de Álvaro reflejaba un profundo arrepentimiento.

—Temía que su madre se angustiara. Creí que, con tanta gente buscándola, daríamos con ella rápido. Cuando Carolina y yo la llamamos por primera vez, ella todavía pudo contestar.

—Pensamos en rastrearla a través del GPS de su teléfono, pero cuando nos dimos cuenta de que la ubicación estaba desactivada, la volví a llamar. Fue entonces cuando nos insinuó que estaba en peligro y mencionó la autopista 57. De inmediato envié a nuestra gente hacia allá.

—Pero por desgracia, no encontramos nada. Su teléfono se apagó y no volvimos a saber de ella.

Álvaro había estado en la calle todo el día. No había probado bocado y estaba exhausto, hambriento y sediento, pero su estómago estaba tan cerrado que no sentía ganas de comer nada.

La desaparición de Isabela pesaba sobre los hombros de él y su hermana.

Cuando Carolina la llamó por primera vez y notaron que algo andaba mal, debieron haber actuado al instante. En ese momento el GPS de su teléfono probablemente aún estaba encendido.

Pero por miedo a alertar a los secuestradores, esperaron unos minutos antes de que él volviera a llamarla.

Fue en esa segunda llamada que Isabela mencionó que estaba en la autopista. Les tomó tiempo llegar, y para cuando estuvieron allí, Isabela ya había desaparecido. Fueron a la policía de tránsito a pedir los videos de las cámaras de seguridad de esa zona.

Con tantos vehículos transitando, no sabían en cuál estaba Isabela. Tuvieron que revisar las imágenes en cámara lenta repetidas veces hasta que lograron identificar el auto en el que iba.

Las cámaras captaron muy poco de ella. Solo se podía ver que iba en el asiento trasero junto a un hombre vestido de negro y con cubrebocas.

Isabela parecía petrificada. Todo apuntaba a que el hombre la estaba amenazando con un arma, obligándola a quedarse quieta. Por eso solo pudo hablar en clave sin decir abiertamente que estaba secuestrada.

Cuando Isabela aún estaba casada con Elías y se enfrentaron a unos maleantes, demostró que, aunque no sabía pelear profesionalmente, tenía la fiereza de quien no se deja pisotear. En aquella ocasión luchó codo a codo con Elías, dándole su merecido a los criminales y ganando tiempo hasta que llegó la policía. Incluso se atrevió a embestir el auto de los atacantes.

Álvaro sospechaba que el hombre de negro llevaba un arma de fuego, aunque la cámara no lo captó. Solo así se explicaba que Isabela no se atreviera a hacer ningún movimiento y obedeciera pasivamente.

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