Ninguno de los dos tenía buena cara.
Ulises no amaba a Isabela; al ser hombres, ambos podían notar la diferencia.
Pero si Ulises buscaba vengarse de ella, era muy probable que la tratara con la misma crueldad con la que había manipulado a Jimena Castillo.
—¿Ulises se fue de Nuevo Horizonte? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Tomó un vuelo, un tren de alta velocidad o va en su propio auto? ¿Cuál es su número de placa?
Álvaro lanzó una ráfaga de preguntas sin detenerse.
Elías no le ocultó nada; este no era momento para rivalidades amorosas. Necesitaban unir fuerzas para rescatarla lo antes posible.
—¿Ya llamaste a la policía?
—Isabela no va en el auto con Ulises. De nada servirá involucrar a la policía si no tenemos pruebas concluyentes de que él mandó a secuestrarla. Todo esto sigue siendo una suposición nuestra.
—Sin embargo, podemos compartir nuestras sospechas con las autoridades. De ese modo, si logramos encontrar el paradero de Isabela donde él esté, la policía podrá arrestarlo de inmediato.
—Entendido. Voy tras él ahora mismo.
—Mientras lo sigues, debes ampliar el radio de búsqueda. Estoy seguro de que Isabela ya no está en la ciudad. La han trasladado, de lo contrario ya la habrían encontrado.
Álvaro asintió.
—Yo también lo creo. Después de buscar todo un día sin éxito, sospechaba que la habían sacado de Nuevo Horizonte.
Dos hombres que en su momento fueron amigos, luego rivales a muerte, ahora unían fuerzas por la mujer que ambos amaban.
Dicen que dos cabezas piensan mejor que una, y con la intervención de Elías, la estrategia del equipo de Álvaro se volvió mucho más precisa, apuntando directamente a Ulises.
Gracias a aquel extraño sueño, Elías tenía en la mira a un sospechoso que los demás jamás habrían considerado.

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