—Cada vez que tenías problemas con Jimena y Rodrigo Méndez intentaba ajustar cuentas contigo, Elías siempre se adelantaba y fingía reprenderte primero. Así, Rodrigo ya no podía hacerte nada. Y dime, de todas esas veces que Elías te 'castigó', ¿alguna vez saliste herida? Todo era puro teatro.
—Es una lástima que los celos te cegaran y no pudieras ver sus verdaderas intenciones, lo que solo hizo que odiaras más a Jimena y que causaras aún más problemas.
—Isabela, ¿tienes idea de lo que hizo Elías después de que murieras? Movió cielo y tierra para buscar justicia por ti y permitir que descansaras en paz.
Isabela frunció el ceño. Ulises añadió:
—Solo estamos tú y yo en esta habitación. No tienes que fingir más, Isabela. Sé que renaciste, y por casualidad, yo también.
—No te lo esperabas, ¿verdad? Yo tampoco, pero es la realidad. Supongo que Dios me dio una oportunidad para vengarme de todos ustedes; al morir, estaba consumido por un rencor inmenso.
Ulises la miró fijamente.
—Tu muerte no tuvo nada que ver conmigo. Mis hombres aceptaron el dinero de Jimena para secuestrarte y acabar contigo, pero todos ellos pagaron con sus propias vidas.
—Jimena enloqueció y se volvió despiadada, asesinando a mucha gente solo para ocultar la verdad sobre tu muerte.
—Elías buscó hacerte justicia y me metió a la cárcel, donde me condenaron a pena de muerte. Desde niño crecí en las calles bajo las órdenes de mi padrino, metido en el bajo mundo. Hice de todo y siempre me salía con la mía. Cuando mi negocio creció, limpié mi nombre por completo, pero aun así, Elías logró refundirme y enviarme al corredor de la muerte.

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