Punto de vista en tercera persona:
Al instante siguiente, nadie alcanzó a ver qué ocurrió. El guardia Beta salió despedido hacia atrás y se estrelló contra la silla alta que Morgana acababa de dejar.
¡Crac! La silla se hizo pedazos.
El guardia tosió sangre y se desmayó ahí mismo.
El corazón de Morgana dio un vuelco. Había observado a Laila todo el tiempo, ¡y Laila ni siquiera se había movido!
Otros guardias entraron corriendo y se llevaron al hombre lobo Beta inconsciente. Pero la sangre ya había salpicado la silla y la alfombra. Las doncellas restregaron con desesperación, aunque el penetrante olor metálico llenó el salón.
Morgana odiaba la suciedad. Jamás volvería a sentarse en esa silla.
Le trajeron una nueva silla enseguida, pero el salón se sentía helado.
La mano de Graciela, mientras sostenía a la princesa, tembló un poco.
Laila era aterradora.
Aunque Graciela también era Alfa, sabía que no tenía ninguna posibilidad contra Laila.
Esta vez, Morgana se había topado con alguien más fuerte.
Morgana sentía lo mismo.
Miró el rostro de facciones marcadas de Laila, donde la fuerza y una belleza deslumbrante se mezclaban de una forma extraña, y sintió una presión pesada.
Era como mirar una montaña cuya cima no se alcanzaba a ver.
¿Qué demonios?
Aunque Laila seguía siendo respetuosa e impecable en sus modales, Morgana sentía que no podía controlar a aquella loba. No podía doblegarla.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí!