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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 596

El orgullo de Azul era profundo, llegando a un punto de quiebre cuando ya no podía tolerar los comentarios mordaces de Cristina. La ira se dibujó en su voz cuando replicó:

—Cristina, ¿es este el resultado de tu educación? ¿Cómo puedes ignorar a tu propia familia y lamer las botas de los extraños?

La mirada de Cristina se volvió helada cuando respondió:

—Crecí con mi madre adoptiva desde joven. Puede que no haya recibido entrenamiento formal de etiqueta, pero ella me ha enseñado a discernir entre el bien y el mal, y nunca sacrificar mi conciencia por la ambición personal.

Cada palabra que pronunciaba se sentía como una bofetada punzante en la cara de los García.

Azul estaba al tanto de todo lo que había sucedido, pero, impulsada por su sed de venganza, fingió ignorancia incluso cuando Andrea y Nicandro conspiraron contra Cristina para matarla.

La expresión de Azul delataba su decepción.

—Cristina, en el fondo, todavía albergas resentimiento por el fracaso de la familia García en encontrarte de vuelta. Ya hemos explicado que tratamos de encontrarte, y cuando regresaste con la familia, también hicimos todo lo posible para hacer las paces.

Con una risita autocrítica, Cristina respondió:

—Adelante, échame la culpa por no apreciar tu amabilidad. No necesito que ustedes me lo compensen. No lo necesito, y no lo quiero.

Después de pronunciar esas palabras, empujó su silla hacia atrás y se puso de pie, lanzando una mirada desdeñosa a Azul.

—Voy a repetir esto una vez más. El secuestro de Andrea no tiene nada que ver conmigo, y el confinamiento de Nicandro en la comisaría es consecuencia de sus propias acciones. Cuando mi querido padre al fin se recupere, entonces podrás venir a buscarme.

Cuando Cristina estaba a punto de darse la vuelta e irse, Azul la detuvo.

—Cristina, iré al grano. Puedes cortar los lazos con la familia García si quieres, pero debes convencer a Natán de que no presente cargos contra tu tío Nicandro. También debes traer a Andrea de vuelta a salvo con nosotros y ayudar a resolver los problemas financieros de Corporación García.

Se propusieron tres condiciones a cambio de la única demanda de Cristina. ¿Qué hizo pensar a Azul que Cristina insistiría en volver a Corporación García?

Cristina se dio la vuelta, con la mirada llena de burla mientras se enfrentaba a Azul.

—¿Sigues creyendo que la familia García reina sobre mí? Señora Lavanda, esta no es la forma apropiada de buscar ayuda de alguien.

Acercándose a la mesa del comedor, colocó las manos con firmeza en el borde, mirando a los ojos a Azul. Su mirada era fría e inquebrantable.

—Entonces, ¿esperas que arregle la situación de la Corporación García y le dé más de mis activos a Nicandro? Es una idea bastante brillante, pero has pasado por alto un punto crucial. Todo lo que Nicandro y su familia están disfrutando en la actualidad me pertenece por derecho. ¿Por qué debería entregar lo que es mío por derecho a otra persona?

»Incluso si insistes en una clara división de los bienes, recuerda que mi madre tiene una parte legítima en la Corporación García. Aquí hay una propuesta: devuelve los bienes de mi madre y dejaré ir todo lo demás. Después de todo, Timoteo sigue siendo mi padre, y no lo abandonaré, en especial cuando tenga los medios para proveer a su bienestar.

La intención de Cristina no era separar a los García. ¡Su objetivo era destruir los lazos familiares dentro de la familia!

Azul creía que había desentrañado las tramas y manipulaciones de Cristina. En lugar de mantener su fachada de amabilidad forzada, expuso su naturaleza despiadada.

—¡Cristina, eres demasiado ambiciosa! Sin duda eres la heredera legítima de la familia García, pero no olvidemos que también tienes un hermano. Si decides hacerte a un lado, es más que capaz de tomar las riendas y convertirse en un sucesor estelar de la familia.

Cristina respondió con una leve sonrisa:

—Oh, ¿en serio? ¿Y cómo propones que herede la familia? ¿Como hijo mayor o como hijo adoptivo?

Azul estaba hirviendo de ira, por lo que el significado subyacente detrás de las palabras de Cristina se perdió por completo en ella.

«¿Qué tiene que ver eso?».

—¿Eso importa? Andrés siempre será el nieto de la familia García —expresó.

Cristina retiró la mirada y dijo de manera significativa:

—Si es así, entonces no queda mucho para que discutamos. Solo tengo una petición, y si no estás dispuesta a cumplirla, tampoco sufriré ninguna pérdida.

Se dio la vuelta y se alejó.

En este punto, Azul se sintió obligada a ofrecerle a Timoteo una palabra de precaución.

Para Azul, Cristina representaba una amenaza impredecible. No podía quitarse de encima la posibilidad de que pudiera manipular a Timoteo e influir en él para que se pusiera de su lado. Si Timoteo se distanciaba de la familia García, a Azul le preocupaba que creara una situación desafiante para Nicandro y ella.

Timoteo respondió con calma:

—Mamá, no me siento bien. Volveré al hotel y descansaré.

Una vez más, Azul hizo hincapié:

—Recuerda priorizar el asunto urgente en cuestión. Debes manejar la situación de tu hermano con prontitud y continuar persuadiendo a Cristina. Después de todo, eres su padre, y el vínculo entre un padre y una hija es irrompible.

Timoteo maniobró con habilidad su silla de ruedas y respondió con suavidad:

—Entendido.

Azul al fin dejó de hablar. Tomó con gracia sus cubiertos, saboreando la comida.

Después de salir del restaurante, Timoteo se acercó a un automóvil negro estacionado al borde de la carretera. Su antiguo comportamiento manso y sumiso se disipó, reemplazado por una presencia siniestra e intimidante.

—No nos apresuremos a liberar a Nicandro de la cárcel. Permitirle pasar unos días más adentro servirá como una valiosa lección.

El hombre sentado en la posición del conductor asintió con la cabeza en señal de reconocimiento.

—Muy bien. ¿Y la señora Cristina? ¿Cómo debemos manejarla?

Una chispa de burla brilló en los ojos de Timoteo.

—Ya que ella disfruta de su propio teatro, vamos a seguirle el juego.

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