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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1314

—¿Eh? —Amelia volteó con suavidad hacia ella.

Serena señaló a Frida y Yael—: ¿Y la tía Frida y el señor Yael? ¿Qué les pasa?

Amelia siguió la dirección de su mirada. No alcanzaba a oír lo que discutían, pero era evidente que Frida tenía los ojos enrojecidos de coraje y Yael lucía perdido, sin saber qué hacer. Intentó varias veces tomarle la mano a Frida, pero ella se la quitó de un tirón cada vez, y a saber por qué discutían.

La inquietud empezó a crecer en Amelia. Le susurró a Serena—: Mamá va a ver qué pasa, ¿sí?

Después, volteó con Marta y le pidió que cuidara bien a Serena. Dejó lo que estaba haciendo y se acercó a los dos.

Yael, aunque estaba en plena discusión con Frida, no le quitaba el ojo a Amelia. Cuando la vio acercarse, le susurró rápido a Frida—: Amelia viene para acá, no vayas a decir algo que no debes.

—Tú no me mandas.

Frida le contestó con rabia, y volteó hacia Amelia.

Amelia ya estaba cerca, su mirada llena de preocupación—: ¿Qué está pasando aquí?

—Nada —Frida bajó la mirada y no se atrevió a contarle a Amelia lo ocurrido. Pero por dentro sentía un nudo; le dolía ver cómo a Amelia apenas le habían dado unos días de respiro y ya alguien iba tras de ella de nuevo. ¿Cómo podía ser tan injusta la vida?

Amelia notó que a Frida se le humedecían los ojos. Claramente no era “nada”. Frunció el ceño y se giró hacia Yael—: Yael, ¿tú y Frida pelearon o qué?

—Yo… es que ella… —Yael titubeó, ni sabía cómo explicar. Si admitía que él y Frida discutían, Amelia no lo dejaría en paz. Pero si decía que no, Frida sería la que lo fulminaría después.

—No tiene nada que ver con él.

Frida decidió sacarlo del apuro, giró y tomó de la mano a Amelia—: Vente, vamos a salir a dar el rol.

Amelia quedó confundida.

Le lanzó una mirada de “¿qué está pasando?” a Yael.

Pero Frida no le dio importancia, la jaló rumbo al cuarto al tiempo que murmuraba—: Vamos a buscar chicos guapos, a ver si nos encontramos a algún chavo fresco. ¡Esta juventud hay que aprovecharla! Que se vayan al diablo los hombres.

Amelia ni supo qué responder.

—Yo estoy bien, pero tú no —le soltó Rufino, directo, mirándolo de frente, sin esquivar su mirada.

Dorian no mostró emoción alguna, ni se molestó en discutir. Simplemente abrió la puerta con fuerza, se agachó y se subió.

Rufino también entró, y mientras apenas intentaba abrocharse el cinturón, Dorian arrancó con tal ímpetu que Rufino casi se daba un cabezazo contra el tablero.

—Bájale, compa —le avisó Rufino, medio en broma y medio en serio—. Si tú te quieres matar, yo no tengo ganas de morirme hoy.

Dorian le echó una mirada fulminante.

—Entonces, ¿para qué te subes? —su tono no tenía emociones, pero al menos aflojó el acelerador.

—Pues porque me niego a dejarte solo, ¿no? —contestó Rufino, acomodándose en el asiento—. No pienso andar recogiendo cadáveres de amigos a mi edad.

—Si te toca, te toca —Dorian soltó con una voz tan serena que asustaba—. Además de Yael, solo tú tendrías la paciencia de venir a levantarme.

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