Sharon se secó las lágrimas.
—Cuando termine con Gary, nunca volveré a creer en el amor. No hay amor tan puro como el de mis padres. Pero ellos solo se amaban el uno al otro. Yo era la que se quedaba fuera.
A Sophia se le oprimió el pecho al recordar a Sharon a la edad de 7 años. Su madre, médica, se contagió de un virus al acudir a Soupeak para combatir la pandemia. Su padre abandonó todo para acompañarla. Ambos murieron, tomados de la mano hasta el último suspiro, dejando a su pequeña hija completamente sola.
—Algún día encontrarás el amor verdadero. No descartes la idea por completo solo por una mala decisión. —Sophia le dio una palmadita suave, tratando de tranquilizarla.
Pero Sharon negó con la cabeza enérgica.
—No, no lo haré. Ya no. —Después de eso, alzó la vista hacia las escenas de la calle que pasaban rápido fuera de la ventana y murmuró en voz baja—: Voy a volver dentro de unos días y aceptaré el matrimonio concertado por el abuelo.
Sophia estaba bebiendo tranquilamente. Cuando escuchó eso, casi se atraganta.
—¿Qué? ¿Hablas en serio? En su momento, montaste un escándalo y te negaste a seguir adelante con ello.
Sharon bajó las pestañas.
—El abuelo está entrando en años. Tengo que dar un paso al frente y asumir la responsabilidad. Además… tener a alguien que ayude a llevar el negocio familiar podría aligerar un poco la carga. —Su voz se fue apagando cada vez más; era obvio que ni siquiera se creía su propia excusa.
—¿Quién es el chico esta vez? —Sophia se bebió rápido su trago para recuperar el aliento—. No será ese chico de la familia Becker otra vez, ¿verdad? Si lo es, ¡más te vale pensártelo muy bien!
Sharon levantó la vista.
—¿Lo conoces?
Sophia hizo un gesto dramático con la mano.
—¡Quién conoce en realidad a ese tipo tan reservado! Se dice que, aparte de su asistente, que está para comérselo, nadie lo ve más de dos veces al día. Y… —De repente se calló, conteniendo lo que iba a decir.
—¿Y qué? —Sharon esbozó una sonrisa amarga—. Los rumores dicen que él es…
—¡Exacto! —Sophia se dio una palmada en el muslo—. Su asistente está más bueno que los modelos masculinos de primera fila, y llevan años pegados el uno al otro. Además, ¿qué hombre normal llega a los 30 años sin una sola mujer a su alrededor?
A Sharon se le encogió el corazón.

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