—¡A partir de hoy, el nombre oficial de Mia será Mia Colbert! Yo, Gary Colbert, prometo que la querré como si fuera mía. A su madre biológica, le doy mi palabra. Y a todos los que están aquí… por favor, sean nuestros testigos. —Gary habló con creciente emoción, apretando con más fuerza la mano de Sharon—. La razón por la que elegimos a Mia… es porque ha tenido una vida tan desgarradora. Por favor, miren la pantalla.
Sharon alzó la vista, sintiéndose aturdida mientras una melodía triste llenaba el ambiente. En la gran pantalla se sucedían imágenes de Mia, narrando una conmovedora «historia de sufrimiento».
Una niña nacida sin padre, con una madre frágil que apenas podía mantenerla; al año, fue llevada a una clínica de dudosa reputación por dinero; a los dos años, padeció una afección cardíaca, salvándose solo gracias a la intervención del Grupo Colbert; a los tres años, sufrió lesiones graves estando sola en casa por descuido de su madre; hasta que Sharon la acogió como ahijada, poniendo fin a su desgracia y cuidándola.
Sharon contemplaba todo con la mirada perdida. Se detuvo en particular en varias fotos dolorosas: ella llevando a Mia bajo la lluvia, cargándola a cuestas, con el rostro cubierto de garabatos de crayón. Cada imagen era como una bofetada, un recordatorio de su pasada ingenuidad y humillación. Todas esas fotos habían sido tomadas y guardadas por Chloe.
Chloe debió sentirse orgullosa y victoriosa cada vez que las miraba. Ella y toda la familia Colbert estaban convencidos de que Sharon, «la tonta», amaría a Mia incondicionalmente. Por eso habían orquestado esta farsa de «dejarla ir con dolor», poniendo a Mia directamente en los brazos de Sharon. Un plan verdaderamente ingenioso.
La madre biológica «sacrificaba» a su hija por un futuro mejor. A partir de ese momento, Mia crecería rodeada de riqueza y prestigio, heredando todo lo que Gary y Sharon poseían. Y Chloe, desde la sombra, se saldría con la suya. El plan era tan evidente que le causaba náuseas. Durante 5 años, Sharon no se había dado cuenta de nada. Incluso había estado dispuesta a adoptar a Mia.
Si su abuelo no la hubiera llamado, seguiría atrapada en esa mentira. Una fría y punzante ironía ardía en los ojos de Sharon. Apretó los puños, forzándose a no mostrar emoción. El vídeo finalizó. Los ojos de Gary se enrojecieron justo a tiempo. Su voz temblaba mientras se dirigía a la multitud.
—Miren cuánto ha sufrido esta niña. Pero a partir de ahora, su vida estará llena de sol. Será la princesa más feliz conmigo y con mi amada esposa, Sharon. —Hizo una pausa y luego alzó la voz con brusquedad—. Últimamente, algunas personas han difundido rumores maliciosos en Internet sobre mí y la madre de Mia. Quiero dejarlo claro hoy: todos esos vídeos y fotos son falsos, generados por IA. Alguien quiere destruir nuestra felicidad. Mi esposa, Sharon, ha demostrado su confianza con su presencia aquí hoy…—Gary miró a Sharon con ojos llenos de amor.
Los ojos de Sharon se abrieron de par en par, sorprendida. Lo miró con incredulidad. Él nunca le había dicho que utilizaría esta fiesta para negarlo todo. Actuó como si estuviera seguro de que ella le seguiría el juego. Las uñas de Sharon se clavaron en las palmas de las manos. Su rostro palideció. Articuló en silencio:

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