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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 121

Enrique, que se había mantenido en silencio todo este tiempo, finalmente habló.

—¿Y todavía tienes el descaro de decir que te insulta? ¿Ya se te olvidó que si has podido darte la gran vida y despilfarrar el dinero todos estos años, ha sido gracias a que Higinio se ha partido el lomo en el mundo de los negocios?

Rubén sintió que se le atoraba el aire en el pecho y no pudo decir nada.

Aunque era la verdad, ¡qué difícil era de tragar!

—Ya está, papá. Era todo lo que tenía que decir. Me retiro a mi cuarto a descansar, tengo que recuperarme de la lesión de la pierna, como bien dijiste —terminó Higinio, y luego se dirigió al anciano—. Abuelo, no te acompaño a la salida.

Enrique agitó la mano.

—Anda, ve.

Después de ver a su nieto Higinio marcharse, el rostro de Enrique se transformó. Clavó la mirada en Rubén, su hijo menor.

—¡Habla! ¿Es verdad que Gabriela es tu hija ilegítima?

Rubén lo negó al instante.

—Papá, ¿cómo vas a creerle a Higi…?

Enrique, con el rostro serio, soltó un bufido.

—Más te vale que sean puras mentiras. Si es verdad que Gabriela es tu hija, Higinio no te la va a perdonar. Y si no fuera porque, por más inútil que seas, sigues siendo mi hijo, créeme que no me molestaría en advertírtelo.

Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, furioso.

Rubén observó la espalda de su padre mientras apretaba los puños con fuerza.

¡Perfecto! ¡Uno tras otro, todos lo menospreciaban!

¡Tarde o temprano, les devolvería cada una de estas humillaciones al ciento por uno!

***

Higinio regresó a su habitación y lo primero que hizo fue sacar el celular. Al ver el mensaje de Doris, la frialdad en su mirada se disolvió en ternura.

Sonrió levemente al ver el simple saludo en la pantalla y respondió:

[Sí, ya llegué a casa. Acabo de arreglar unos asuntos familiares bastante molestos].

[Estoy algo cansado y también un poco triste. Necesito el consuelo de mi futura esposa].

***

Doris soltó una carcajada al leer los mensajes de Higinio y le envió varios stickers de besos voladores.

Doris le mandó un sticker: [Buscando una palabra para describir lo listo que me saliste].

Higinio: [Descansa. Nos vemos mañana].

Doris: [Nos vemos mañana].

Doris levantó la vista del celular y se encontró con tres pares de pupilas verticales que la observaban con curiosidad.

—¿Qué se traen ustedes tres?

Las tres pequeñas serpientes se miraron entre ellas, y entonces Verdín y Blanquito usaron sus colas para formar un corazón.

Doris se quedó sin palabras.

«¿Acaso me están insinuando algo?».

Doris se enderezó, puso las manos en la cintura y dijo:

—Ah, conque ya aprendieron a burlarse de mí, ¿eh?

Verdín se escabulló a toda velocidad.

Blanquito y Negrito lo siguieron de inmediato.

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