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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 17

—...No. Desde anoche hasta hoy, no he podido contactarlo —respondió una voz frustrada al otro lado de la línea.

—¡¿Qué?! ¿A qué clase de inútil contrataste? —replicó Carolina, con la voz cargada de ira.

—Me dijo que el tipo era un fugitivo que había violado a más de diez chicas. Pensé que era un tipo duro, pero resultó ser un fracaso. Ni siquiera pudo con una mujer —dijo la voz, con un tono de fastidio.

—¡Inútil! ¡Hoy casi me echan de la casa Palma por culpa de esa mujerzuela! ¡Si me hubieran echado, olvídate de volver a ver un centavo mío!

—¡No, no, no! ¡Buscaré otra solución! —se apresuró a decir la voz.

—La mujer ya está en la casa Palma —dijo Carolina, más calmada—. Si mandas a alguien a hacerle algo ahora, ¡es como si quisieras que sospecharan de mí!

—Entonces, ¿qué hacemos?

—La persona que contrataste debe de haber tenido problemas —dijo Carolina, mirando la villa de enfrente—. Escóndete por un tiempo, no dejes que te encuentren y me relacionen contigo.

—Entendido.

Tras colgar, Carolina arrojó el celular a la cama con furia.

¡Inútil!

¡Ni siquiera podía encargarse de algo tan simple!

Su plan era que violaran a Doris, grabarlo en video y usarlo para amenazarla en el futuro. También serviría para evitar que Higinio desarrollara algún sentimiento por ella.

¡Pero un plan tan simple había fallado!

Carolina respiró hondo para calmarse y volvió a tomar el celular. Abrió el chat con Higinio. El último mensaje era de las ocho de la mañana del día anterior.

[Higinio, ¿cómo sigue tu pierna?]

No había respondido.

Desde que se anunció el compromiso, casi siempre era ella quien iniciaba la conversación. Las respuestas de Higinio eran escasas, corteses y distantes, como si cumpliera con una obligación.

Al fin y al cabo, el matrimonio con los Villar era un ascenso para la familia Palma, por lo que era normal que ella fuera más proactiva.

***

Tatiana, sentada en el sofá, vio a Carolina merodeando frente a su casa, con una expresión indecisa y cargando varias bolsas de marcas de lujo. Le dio un codazo a su esposo.

Felipe miró hacia afuera y frunció el ceño.

—Voy a ver qué quiere —dijo Tatiana, dejando su tableta a un lado.

—Yo voy —la detuvo Felipe.

No había olvidado la mirada venenosa que Carolina le había dirigido a su esposa.

—Caro, ¿qué haces en nuestra puerta? —preguntó Felipe al salir.

—Tío... —vaciló Carolina—. Es que, como mi hermana acaba de llegar, pensé que no tendría ropa. Le traje algunas prendas mías que nunca he usado.

***

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