Al ver la expresión algo complicada en el rostro de Antonio, Doris enarcó una ceja y preguntó con una media sonrisa:
—¿Es Carolina la que llama?
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Antonio, sorprendido.
—Le conté quién eres —dijo Doris sin rodeos.
Antonio sonrió con resignación.
—Me estás buscando problemas a propósito.
—Estamos a mano —replicó Doris con una sonrisa—. Yo también te hice el favor de presentarme ante Carolina y los suyos como Dovina, aunque el resultado no fuera el esperado.
Antonio contestó la llamada entre risas, activando el altavoz. De inmediato, se escuchó la dulce voz de Carolina.
—Antonio.
—Señorita Carolina, no esperaba que me llamaras. ¿No estabas convencida ayer de que Doris y yo nos habíamos puesto de acuerdo para burlarnos de ustedes? —dijo Antonio con un tono cargado de sarcasmo.
—Antonio, lo siento —se apresuró a decir Carolina—. Ayer no confié en ti, fue mi error. Te llamo para disculparme. De verdad, lo siento mucho. Cuando Patricio te faltó al respeto, no lo detuve a tiempo.
—Por lo que dices, parece que toda la culpa es de Patricio, ¿no? —dijo Antonio con una risa fría.
—Claro que no. Es que Patricio es así, no lo hizo a propósito contra ti, Antonio.
—Señorita Carolina, si me preguntas, te diré que tú misma te lo has buscado. Con los veinte años de educación esmerada que recibiste de la familia Palma, aunque te fueras, no te iría tan mal. Simplemente ya no serías la señorita de la alta sociedad, pero empezarías con una ventaja que muchos no tienen. Pero no, tú no puedes soltar lo que no te pertenece e insistes en quedarte. ¿De quién es la culpa?
—Y encima tienes el descaro de compadecerte, diciendo que el cariño de Patricio se debe a tu obediencia y que la arrogancia de Doris viene de su sangre. Tus palabras me dan asco.
Las palabras de Antonio fueron tan directas que Carolina, al otro lado de la línea, no supo qué responder.
—Antonio, no quise decir eso… solo quería disculparme sinceramente… Antonio, si tienes tiempo, podríamos vernos y te pido perdón en persona…
—No es necesario —continuó Antonio—. No te estás disculpando porque de verdad te sientas mal, sino porque te has enterado de quién soy, ¿verdad? No pierdas el tiempo conmigo. Estoy muy decepcionado de ti y no volveré a ser amigo de alguien como tú.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida