Al ver la expresión algo complicada en el rostro de Antonio, Doris enarcó una ceja y preguntó con una media sonrisa:
—¿Es Carolina la que llama?
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Antonio, sorprendido.
—Le conté quién eres —dijo Doris sin rodeos.
Antonio sonrió con resignación.
—Me estás buscando problemas a propósito.
—Estamos a mano —replicó Doris con una sonrisa—. Yo también te hice el favor de presentarme ante Carolina y los suyos como Dovina, aunque el resultado no fuera el esperado.
Antonio contestó la llamada entre risas, activando el altavoz. De inmediato, se escuchó la dulce voz de Carolina.
—Antonio.
—Señorita Carolina, no esperaba que me llamaras. ¿No estabas convencida ayer de que Doris y yo nos habíamos puesto de acuerdo para burlarnos de ustedes? —dijo Antonio con un tono cargado de sarcasmo.
—Antonio, lo siento —se apresuró a decir Carolina—. Ayer no confié en ti, fue mi error. Te llamo para disculparme. De verdad, lo siento mucho. Cuando Patricio te faltó al respeto, no lo detuve a tiempo.
—Por lo que dices, parece que toda la culpa es de Patricio, ¿no? —dijo Antonio con una risa fría.
—Claro que no. Es que Patricio es así, no lo hizo a propósito contra ti, Antonio.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida