Dicho esto, Antonio colgó.
Doris arqueó aún más las cejas.
—Vaya, Antonio, no sabía que fueras tan despiadado. Las palabras de Carolina no te conmovieron ni un poco.
Antonio guardó el celular y dijo con seriedad:
—Más vale cortar por lo sano para evitar problemas. —Hizo una pausa y añadió—: Le revelaste mi identidad a Carolina a propósito. Seguro que no fue solo para que se arrepintiera.
Conociendo a esa chica retorcida, sabía que tenía un as bajo la manga.
—Claro que no —dijo Doris con un brillo pícaro en los ojos—. Aparentemente, se lo decía a Carolina, pero en realidad era para Julián. Él dirige la farmacéutica, la joya de la corona de la familia Palma. Y sé que lleva años intentando colaborar con la familia Figueroa, pero no ha tenido la oportunidad. Ahora que sabe que la tuvo al alcance de la mano y la dejó escapar, seguro que está que se sube por las paredes. ¿Crees que no se va a impacientar y a presionar a su hija adoptiva?
—Julián trata así a su propia hija y todavía sueña con colaborar con la familia Figueroa. ¡Qué iluso! —dijo Antonio con desdén.
Tras una breve pausa, continuó su análisis:
—Así que tu verdadero objetivo es esperar el momento oportuno para tomar el control total de la farmacéutica de la familia Palma. Y entonces, conectar la importantísima línea de producción y cultivo de materias primas de la familia Figueroa con la farmacéutica de los Palma para crear una alianza poderosa, ¿verdad?
Doris asintió.
—Exacto.
Antonio confiaba plenamente en la capacidad de Doris.
—Entonces esperaré tus buenas noticias desde la familia Palma —dijo con expectación—. Una familia tan cruel y desalmada como la de Julián, que abandona a su propia hija y hermana, se merece terminar sin nada.
***
Carolina, al otro lado de la línea, se quedó con el rostro descompuesto después de que Antonio le colgara.
***
Al atardecer, el sol teñía de rojo el hospital.
Mauro, con rostro serio, se dirigió de nuevo a la habitación de Doris, acompañado por el mayordomo que ya había regresado de su investigación en Ají y Limón.
Había avisado previamente a Julián y a su esposa, Fátima.
Cuando Fátima irrumpió en la habitación, su voz ansiosa rompió el silencio.
—Papá, ¿qué ha pasado? ¿Han descubierto algo? ¡Ya le dije que esa mocosa de Doris está calumniando a mi hijo Patri! ¡No pierda el tiempo con esto y deje que Julián y yo nos encarguemos de ella de una vez!
Dicho esto, fulminó con la mirada a Doris, que descansaba plácidamente en la cama, deseando poder acabar con ella en ese mismo instante.
***

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