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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 294

—¡A lavarme los dientes, la cara y a maquillarme súper bien! ¡No puedo hacer quedar mal a mi ídola!

***

Al ver que Doris dejaba el celular, Tatiana, sentada frente a ella, bromeó:

—Tan temprano y ya hablando con Higinio.

—No es Higi, es Rosalinda —dijo Doris con una sonrisa.

—¿Rosalinda? —preguntó Tatiana, sorprendida—. ¿La única hija de Keira Villar?

Doris asintió.

Tatiana también sabía algunas cosas sobre la familia Villar. Keira, la segunda de la familia, siempre se había mantenido neutral. Que ahora su hija se hiciera amiga de Doris, ¿significaba que pensaba apoyar a Higinio?

Eso era bueno.

Higinio acababa de ser traicionado por su propio hermano, y su padre, Rubén, era un hombre inútil que solo causaba problemas. En lugar de ayudar, lo más probable era que estorbara. Higinio estaba bastante solo en la familia Villar.

Aunque fuera muy inteligente, en ese momento se enfrentaba a demasiados enemigos.

Cuando Doris y Higinio se casaran, ella también se convertiría en un blanco. Tener a alguien más de los Villar de su lado era una protección adicional para Doris.

Y había algo más importante…

Al notar que los ojos de su nueva y hermosa madre brillaban con lágrimas, Doris dejó la cuchara y preguntó:

—Mamá, ¿qué te pasa?

—Nada —dijo Tatiana, avergonzada—. Es que me emociona pensar que no solo te vas a casar pronto, sino que también estás haciendo nuevas amigas. Estaba preocupada de que no te adaptaras a la vida aquí, y de que tu tío y tu tía y su familia hablaran mal de ti, haciendo que la gente te rechazara y no pudieras encajar en este círculo.

Doris no sabía si reír o llorar, pero al mismo tiempo sintió una calidez en el corazón. Su nueva madre se preocupaba demasiado por ella.

—Mamá, esto apenas empieza. Voy a hacer muchos más amigos en Solara.

—Sí —asintió Tatiana—. Mi hija es tan increíble que seguro hará muchos amigos más.

Pero Mauro no le dio la oportunidad.

—Que el mayordomo principal te liquide tu sueldo y te puedes ir.

El mayordomo supo que no había nada que negociar. Sin oponer más resistencia, se fue, pero no sin antes lanzarle una mirada de rencor a Doris.

«Ja, en cuanto el señor Julián se quede con el patrimonio de la familia Palma, seguro que me vuelve a contratar. ¡Confío en él!».

***

Al entrar en la sala, Fátima, elegantemente vestida y con un bolso de lujo en la mano, bajaba las escaleras. Al ver al abuelo, a Doris y a Tatiana, sintió un mal presentimiento.

—Papá, ¿qué haces aquí tan temprano con ellas?

—¿Dónde está Andrea? —preguntó Mauro con voz grave, sentándose en el sofá.

***

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