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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 370

Tras decir esto, le lanzó una mirada a su esposa Fátima: ¡regañar a Carolina no sería suficiente para que Doris los perdonara!

Al cruzar la mirada con su esposo, Fátima comprendió de inmediato su indirecta.

La situación era terrible para ellos, pero ahora que Patricio había despertado y dicho que habían sido engañados, si culpaban de todo a Carolina, ¿quizás Doris los perdonaría? Y si eso sucedía, ¿el abuelo no sería tan cruel y todavía podrían obtener parte de la herencia de los Palma?

Una vez que entendió esto, Fátima adoptó una expresión de profundo dolor.

—Carolina, te criamos como a nuestra propia hija, ¡y tú le haces esto a nuestra verdadera hija a sus espaldas! ¡Si no fuera por ti, la relación con nuestra hija no se habría deteriorado tanto!

Luego, miró a Doris.

—Doris, mi pobre hija, ya lo oíste. Fuimos engañados por Carolina. No sabíamos que la odiabas tanto y querías echarla de la casa porque intentó hacerte daño. Si lo hubiéramos sabido, ¡tu padre y yo jamás la habríamos dejado quedarse!

Doris esbozó una sonrisa fría, llena de sarcasmo.

—Después de todo lo que han dicho, al final resulta que solo cuando Carolina intentó hacerme daño fue que ustedes, mis padres biológicos, se decidieron a deshacerse de ella. Y la razón por la que se dejaron engañar tan fácilmente es porque, desde el principio, la han favorecido a ella. A mí, su hija de sangre, ¡me desprecian desde el fondo de su corazón y ni siquiera quieren reconocerme!

Al oír estas palabras, Fátima negó con la cabeza apresuradamente.

—No es así, Doris. De verdad que solo fuimos engañados por Carolina. Pensábamos que era buena y obediente, y que echarla sería muy cruel de nuestra parte. ¿Quién iba a saber que era tan malvada por dentro? Ahora tu padre la ha hecho arrodillarse aquí. ¡Haz con ella lo que quieras para desahogar tu ira! ¡Esta vez, no la defenderemos ni la protegeremos!

Al oír las palabras de Fátima, el rostro de Carolina, antes radiante, se tornó pálido como el papel, sin una pizca de color. Se veía lamentable.

—¡Miren, este punto rojo es donde me inyectaba!

Ricardo abrió los ojos de par en par. Así que el punto rojo no era una picadura de mosquito, ¡sino la marca de las inyecciones de Carolina!

Fátima tomó el brazo de Patricio, examinó el punto rojo en su codo y su respiración se aceleró.

—Además —continuó Patricio, indignado—, ella siempre ha estado en contacto con su padre biológico. ¡Cada mes le transfería el dinero que le dábamos! ¡Y esta vez, después de lo del veneno, intentó contratar a alguien para que matara a nuestra hermana Doris!

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