¡Quería vivir con sus padres cincuenta, ochenta, cien años más!
Después de cenar, Doris fue al jardín medicinal para cuidar de la siempreviva y las demás hierbas, como de costumbre.
Cuando terminó, regresó a su habitación y, mientras se secaba el pelo, revisó los mensajes que le había enviado Rosalinda.
[¡Prima! ¡Germán no me ha escrito en todo el día! ¡Seguro que ya se dio cuenta de que no puede competir con Higinio y se rindió!]
[Gracias por tu esfuerzo], le respondió Doris.
[¡De nada! Me sirvió para pasar el rato. ¡Ahora que no me busca, hasta lo extraño un poco!]
[¡No puede ser! ¡Herminio está otra vez de odioso en el grupo! ¡Voy a ponerlo en su lugar!]
Con el pelo ya seco, Doris se recostó en la cama y abrió el chat del grupo «La Élite de Solara».
Herminio: [Mañana es el encuentro para la venta de los derechos de *Horizontes de Gloria*. Dicen que Estudios Universo Único preparó trescientos millones de pesos. Me pregunto cuánto ofrecerá nuestra querida presidenta.]
[¿Tres millones? ¿O treinta?]
[¡Si Entretenimento Estrela ni siquiera vale treinta millones!]
Rosalinda apareció.
Rosalinda @Herminio: [Mira, ¿qué correa te gusta más? Pronto la necesitarás. Te la voy comprando de parte de mi prima.]
[Te dejo elegir para que veas qué considerada soy.]
Herminio: [Rosalinda, solo le estaba dando un consejo a Doris. ¿Tú qué te metes? ¡La que necesita una correa eres tú, que pareces su perrito faldero! ¡Qué vergüenza para la familia Villar!]
Rosalinda envió otros enlaces.
Esta vez, de bozales.
Rosalinda: [Me equivoqué, ¡esto te urge más! Para que dejes de andar mordiendo a la gente.]
Herminio: [¡Rosalinda, me las vas a pagar!]
Rosalinda: [¡Miren, miren, ya va a morder! ¡Qué miedo!]
Después de leer un rato el chat, Doris llamó a Penélope para indicarle que al día siguiente fuera con Jael a Ají y Limón para el encuentro de *Horizontes de Gloria*.
—¿Por qué yo? No tengo ninguna capacidad para negociar los derechos… —dijo Penélope, sorprendida.
—Perfecto.
—Nos vemos mañana.
—Nos vemos mañana.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
—Bueno, ya voy a colgar —dijo Doris, riendo.
—Si no quieres colgar, no tienes que hacerlo.
—¿Y de qué quieres hablar? —a Doris, en realidad, tampoco le apetecía colgar.
—De lo que sea. Solo quiero escuchar tu voz.
—Hablando de voces, la tuya es increíble, Higi. Me pregunto qué tan seductora será en la cama.
***

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