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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 502

Después de eso, cada año sacaba una serie de alta calidad, callando por completo a quienes lo cuestionaban.

Lamentablemente, cayó enfermo repentinamente durante el rodaje de su quinta obra, y la segunda mitad tuvo que ser completada por el subdirector.

Cuando la obra se estrenó, debido al cambio de director al final, los internautas más observadores notaron la diferencia en la calidad.

Bajo ese fuerte contraste, se confirmó aún más su talento como director, tanto en las técnicas de filmación como en su ojo clínico para el casting.

—Volviendo al tema, *Horizontes de Gloria* queda en sus manos, señor Cortés. Aparte de la protagonista que ya está confirmada, el protagonista masculino y los demás roles los elegirá usted personalmente —dijo Doris, sosteniendo su taza de té y soplando suavemente antes de dar un pequeño sorbo.

Pedro asintió, dejó la taza y dijo:

—Está bien, puedes estar tranquila. Pondré el cien por ciento de mi energía para filmar esta serie y que tú y Estudios Universo Único puedan librar una buena batalla.

Doris sonrió.

—Señor Cortés, ¿ya tiene dónde quedarse en Solara? Si no, puedo arreglarle alojamiento en alguna propiedad de la familia Palma.

Pedro agitó la mano.

—No te preocupes por eso. Mi asistente ya me buscó con anticipación un hotel residencial en Solara y lo rentó por un año entero.

—Perfecto. Cualquier cosa que necesite, solo dígame.

Doris acompañó al señor Cortés hasta su carro y regresó a la empresa. Su secretaria, Jael, se acercó de inmediato, con los ojos abiertos de par en par, incrédula.

—Señorita Palma, ese señor Cortés que acaba de salir... ¿acaso es el director Pedro, el que se retiró por enfermedad cuando estaba en la cima de su carrera?

Ante las miradas atónitas de los demás empleados, Doris asintió.

—Así es, es él.

—Entonces, ahora tenemos personal suficiente y el tema del director está resuelto. Quiero que todos se concentren y trabajen duro. Si *Horizontes de Gloria* sale bien y es un éxito, no les faltarán sus bonos —anunció Doris.

—¡Sí, señorita Palma!

La empleada respondió rápidamente.

[Lo sé, ¡es el director Pedro, el que llevaba tres años fuera del medio!]

Ricardo se quedó petrificado, como si le hubiera caído un rayo. El viento nocturno cortaba como cuchillo, haciéndolo temblar, y una llovizna helada comenzó a caer, golpeando su rostro y calándole los huesos.

De repente se sintió ridículo. De principio a fin, había sido como un payaso, creyendo arrogantemente que podía hacer algo por su hermana Doris. Pero la realidad era que no había logrado nada; no había cambiado nada.

Justo cuando Ricardo se hundía en esa autocompasión, su celular recibió otro mensaje.

Ricardo levantó el teléfono mecánicamente. Al ver el nombre del remitente, sus ojos se abrieron desmesuradamente, como si no pudiera creer lo que veía.

¡Esta vez no era la empleada, sino su hermana Doris!

***

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