Ricardo gastó una buena suma de dinero para averiguar dónde se estaba hospedando el director para recuperarse: un exclusivo y tranquilo resort de descanso en el sur.
De inmediato compró el boleto de avión para el día siguiente. Llevaba regalos en mano, decidido a visitar personalmente a aquel director retirado.
Antes de partir, le envió un mensaje especial a su hermana Doris.
[Dori, escuché que mucha gente se ha ido de la empresa y que el director Ramón Palacios firmó con Estudios Universo Único. No te preocupes, ¡yo te buscaré un director mucho mejor!]
Después de enviar el mensaje, Ricardo apagó el celular.
No fue hasta que el avión aterrizó que, con el corazón en un puño, encendió el teléfono. Como era de esperarse, no había recibido ninguna respuesta de Doris.
Sintió una punzada de decepción, pero enseguida se consoló pensando que tal vez su hermana creía que solo estaba hablando por hablar. Seguro que, en cuanto lograra cerrar el trato con el director, ella le agradecería enormemente haberle lanzado ese salvavidas.
Quién iba a imaginar que, al llegar al resort, el encargado le daría una noticia devastadora.
—El señor Cortés ya se fue. Tomó el vuelo de esta mañana. Si hubiera venido ayer, todavía lo habría encontrado.
¿Cómo podía ser...?
Ricardo preguntó con urgencia:
—¿Sabe adónde fue el señor Cortés?
—A Solara —respondió el encargado—. Hace unos días parece que recibió una llamada invitándolo a salir de su retiro para filmar, y aceptó con gusto.
¡¿A Solara?!
¡Alguien se le había adelantado para sacar al director Cortés de su retiro!
¡No me digas que es obra de Damián otra vez!
¡Imposible! El director Palacios ya había sido firmado por Estudios Universo Único, ¡no podía permitir que a Pedro también se lo robaran!
—¿Podría darme el número de teléfono de Pedro, por favor? —suplicó Ricardo.
El encargado negó con la cabeza.
—Ni me lo digas. Tú, muchachita, nunca fuiste a visitarme. Solo mandabas a alguien a llevarme las medicinas al resort. ¡Vaya que eres una persona ocupada!
—Señor Cortés, no me regañe. Si no me hubiera esforzado estudiando herbolaria y medicina, ¿cómo habría podido seguir enviándole los remedios para su recuperación? —Doris no sentía ni una pizca de culpa. Colocó la taza de té frente a él y se la llenó.
Pedro soltó una risa, tomó la taza, bebió un sorbo y suspiró:
—Es cierto. Si no fuera por tu medicina, olvídate de no vernos en tres años, probablemente no nos habríamos visto nunca más en esta vida.
—Señor Cortés, no diga esas cosas. Después de tres años de reposo, se le ve muy fuerte y saludable —bromeó Doris.
—Todo gracias a que tu medicina funciona —reconoció Pedro.
Años atrás, él se había hecho un nombre en la industria del entretenimiento con una sola película. Sin embargo, pasaron tres años sin noticias de una segunda obra, y comenzaron a surgir dudas. Decían que su debut había sido su pico máximo o que seguramente alguien más lo había dirigido tras bambalinas.
Al cuarto año, filmó una película de la misma época, pero con un estilo completamente diferente. La calidad y la popularidad se mantuvieron intactas.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida