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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 603

—¿Y solo porque tú dices que es tu hermana, ya es tu hermana? ¿Las pruebas? Sin pruebas, te quedas detenido tres días.

Ricardo no tenía ninguna prueba. Solo traía su identificación y el celular, había metido un par de cambios de ropa y se había venido.

Y aunque hubiera traído el acta de nacimiento de la familia, Doris nunca se había cambiado legalmente a su apellido, así que no había forma de demostrar que eran hermanos.

—Ya, deja de inventar cuentos. Te picaron las víboras y la gente fue buena onda al salvarte la vida en lugar de dejarte ahí. Quédate tres días en los separos para que reflexiones y a la otra no andes robando.

—Mira que no estás feo y te ves sano, ¿qué necesidad tienes de andar de ratero?

Fátima, que había escuchado todo desde la entrada, irrumpió corriendo.

—¿A quién le dicen ratero? ¡Mi hijo no es ningún ladrón! ¡No levanten falsos!

—¿Saben quién es mi hijo? Es el hijo mayor de la familia Palma, una de las familias más ricas de Solara. ¿Creen que le interesaría robarse algo de este pueblo mugriento?

Los oficiales miraron a Fátima. Estaba cubierta de lodo de pies a cabeza, con un aspecto sucio y desaliñado. Fruncieron el ceño y la regañaron:

—Señora, ¿usted es la madre? Esa educación permisiva está mal. Cuando su hijo salga, edúquelo bien. Dígale que se ponga a trabajar y deje de alucinar que es un millonario de la ciudad.

Fátima estaba que echaba humo.

—¡Mi hijo es un heredero de verdad! ¡Ninguna alucinación!

Los policías miraron a Fátima con una expresión de «con razón el hijo es así» y negaron con la cabeza.

Ricardo sintió una vergüenza insoportable y dijo impaciente:

—¡Mamá, cállate ya!

Ahora que los habían echado de la familia Palma, todo Solara se burlaba de ellos. ¡Y en este lugar perdido, nadie iba a saber quiénes eran los Palma de Solara!

—Enciérrenme. Admito que me metí al jardín a robar, voy a reflexionar —dijo Ricardo, que realmente no quería seguir escuchando los lamentos de su madre.

—¡Atrévanse!

—¡Basta! ¡Mamá, de verdad me estás haciendo pasar una vergüenza horrible! —Ricardo se soltó con fuerza de la mano de Fátima y le gritó muy enojado.

Fátima se quedó paralizada ante la reacción de su hijo.

Vio en el rostro y en los ojos de Ricardo un rechazo y un hartazgo genuinos.

—Riki, ¿te molesto? ¿Te doy vergüenza? —la voz de Fátima se quebró.

—¡Pues claro que sí! Mírate cómo estás, no pareces una dama de sociedad de Solara, pareces una loca. ¿Cómo quieres que crean que soy de dinero si me ven contigo así? —Ricardo la señaló de arriba abajo.

Fátima dijo con tono lastimero:

—¿Y por qué crees que estoy así? Porque supe que estabas aquí y vine corriendo por miedo a que estuvieras sufriendo. Me caí en el camino por venir a buscarte, y tú, en lugar de preocuparte por mí, ¿me dices que te doy vergüenza?

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