Entrar Via

Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 619

—Riki, ¿no te trataron mal ahí adentro? Ay, hijo, ¿por qué siento que estás más flaco? —dijo Fátima, intentando tocarle la cara, que traía algo sucia.

Ricardo le quitó la mano con fastidio.

—No estoy flaco. ¿No te dije que te regresaras? ¿Qué haces aquí todavía?

Fátima puso cara de víctima.

—¿Crees que quiero estar aquí? Si no te regresas conmigo, tu papá me va a reclamar a mí si llego sola.

—Si no soy yo es mi papá. ¿Tú no tienes nada que hacer o qué? —gritó Ricardo, perdiendo la paciencia.

Fátima se sintió aún más ofendida.

—¡Pues no! Aparte de ti, de Patri y de tu papá, ¡no tengo nada más!

—¿Por qué crees que soy así? De joven dejé todo para cuidarlos a ti y a Patri; no hice nada más que estar en la casa para ustedes. Cuando eran chicos no te quejabas de que "no hacía nada", ¿y ahora me lo echas en cara?

Ricardo suspiró, desesperado.

—De verdad estoy muy cansado, mamá. ¿Puedes dejarme en paz? Si estás tan aburrida y no tienes nada que hacer, ve a molestar a Patricio.

—Tu hermano Patricio también se harta de mí. Ahora que crecieron, ya les molesto, ¡ya no me necesitan! —Fátima soltó las lágrimas—. ¡Qué sentido tiene seguir viva a esta edad si nadie me quiere!

—¡Deja de decir esas cosas! —reclamó Ricardo—. Solo te digo que busques algo tuyo, que te ocupes en algo y no vivas solo pensando en mí. ¡No digas que vivir no tiene sentido, estoy agotado de tanto drama!

—¡Está bien, ya no digo nada! Pero hoy te regresas conmigo, no te puedes quedar aquí —dijo Fátima secándose las lágrimas de un manotazo y poniéndose firme.

—¡Que no me voy! —replicó Ricardo igual de terco.

Dicho esto, se dio la media vuelta y caminó a paso veloz hacia Pueblo de la Luna.

Fátima hizo un berrinche golpeando el piso con el pie y, sin más remedio, lo siguió.

Sin embargo, apenas llegaron a la entrada del pueblo, sintieron el impacto del lodo en la ropa.

—¡Riki, ve nada más a estos indios! Con razón tu hermana Doris es tan inaguantable, si salió de un pueblo de mala muerte como este. Coff, coff... ¡Qué gente tan corriente, no tienen ni pizca de educación! ¡Ya no soporto este lugar! ¡Vámonos ahorita mismo!

Ricardo apretó los dientes y mantuvo la mirada fija al frente.

—Yo no regreso. Si quieres irte, vete tú.

Al ver que su hijo seguía empecinado a pesar de la humillación, Fátima finalmente tiró la toalla.

—...Bien, ¡haz lo que se te dé la gana! ¡Si te quieres martirizar, allá tú!

Furiosa, dio media vuelta y se marchó.

Fátima regresó primero al hotel del pueblo vecino, se dio un baño y salió a la carretera. Ahí paró el taxi que se veía menos sucio para que la llevara de vuelta a Solara.

En el camino, redactó un mensaje lleno de drama sobre lo que acababa de sufrir en Pueblo de la Luna y se lo envió a Patricio:

[Patri, tu hermano y tú me han decepcionado tanto. Su hermana Doris nos ha hecho caer tan bajo, ¡y ustedes no le reclaman nada a ella! Al contrario, ahora resulta que los malos somos nosotros y se desquitan conmigo. De verdad siento que mi vida es un fracaso total.]

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida