Tomó el celular, minimizó la ventana de video y respondió.
[Está bien, te sigo encargando a Germán. Si logras controlarlo, te prometo concederte cualquier favor que esté en mis manos].
Rosalinda respondió al instante:
[¿En serio? ¡Qué emoción! Espérame, prima, ¡seguro lo logro!]
Doris volvió a la videollamada.
En la pantalla, Higinio, con el cabello alborotado pero luciendo guapísimo con esa facha relajada, preguntó extrañado:
—¿Qué hacías? No te veías en la cámara.
—Rosalinda me dijo que Germán planea darme una gran sorpresa en mi cumpleaños. —Doris recordó el numerito de Germán en la fiesta anterior y suspiró—. Ojalá no haga nada. Solo quiero pasar un cumpleaños tranquilo con mis papás, contigo y los demás, sin tanto drama.
Higinio sonrió.
—Como su rival de amores, tengo curiosidad por ver qué regalo te va a dar. A ver quién te sorprende más, si él o yo.
—No hay competencia, obviamente será el tuyo —dijo Doris sin dudar.
—Subjetivamente, sé que me prefieres a mí, Dori, pero objetivamente espero que mi regalo sea el mejor —dijo Higinio con seriedad.
A Doris le picó la curiosidad.
—¿Ah, sí? ¿Tanto te importa? A ver, Higi, ¿qué me preparaste?
—Te lo diré el día de tu cumpleaños, si no, ¿dónde está la sorpresa? —rio Higinio.
Doris no pudo evitar reír también.
—Suenas igualito a mi mamá. Bueno, parece que este cumpleaños va a ser el más movido de mis veintiún años. Ya me voy a dormir.
—Vale, descansa, Dori.
—Descansa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida