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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 636

Diego, al ver que no parecía muy contento, comentó con desagrado:

—¿Y esa jeta? ¿Qué traes? Le estoy metiendo lana para que tu música suene en todos lados y parece que no te cuadra.

Nicolás se apresuró a intervenir para suavizar la situación:

—Señor Álvarez, ¿cómo no le va a cuadrar? Yo creo que está tan emocionado por su reconocimiento que se quedó mudo, ¿verdad, Patricio?

Al captar la indirecta de Nicolás, Patricio se tragó sus emociones y respondió sin sentirlo realmente:

—Agradezco su apoyo, señor Álvarez. Estoy muy contento.

Solo entonces Diego se mostró satisfecho.

—Ándale, pues. Te has matado chambeando estos días. Cuando tus canciones revienten en los charts, le diré a mi papá que te arme una fiesta de celebración exclusiva.

—Muchas gracias, señor Álvarez —repitió Patricio con la misma falsedad.

Diego soltó una risa burlona, dio un paso adelante y le dio unas palmaditas condescendientes en la mejilla a Patricio.

—Patricio... el que alguna vez fue el "jovenazo" heredero de los Palma, ahora tiene que bailar al son que yo le toque. ¿Se siente gacho, no?

La cara de Patricio reflejó su molestia, pero Nicolás volvió a reír nerviosamente para cubrirlo.

—¡Qué va! ¡Ni se atrevería! Con lo amolado que está ahorita, debería besar el suelo que pisa el señor Álvarez por echarle la mano.

Diego soltó un bufido de desprecio.

—Nicolás sí entiende cómo funciona el mundo. En fin, te encargo el resto de la promoción de Patricio. Solo tengo una exigencia: tienen que salir el mismo día del cumpleaños de Doris.

—¡Dalo por hecho! —aseguró Nicolás golpeándose el pecho.

En cuanto Diego se fue, Nicolás cambió su tono a uno severo y de advertencia.

—Patricio, más te vale bajarle dos rayitas cuando estés frente a Diego. De ahora en adelante, él manda en Universo Único. Si queremos armarla en grande, dependemos de su humor. Ya no eres el principito de la familia Palma, así que, si quieres triunfar y que Doris te respete, guárdate tu orgullo donde no te estorbe.

Patricio apretó los puños con fuerza.

Al mediodía.

Doris estaba guardando sus cosas en el bolso, lista para ir a Grupo Villar y darle su terapia habitual a Higinio, cuando sonó su celular sobre el escritorio.

Era Higinio.

Al contestar, él le avisó que ya la estaba esperando abajo del edificio.

Doris terminó de arreglarse rápido y bajó para encontrarse con él.

Ya en el coche, Doris miró a Higinio y preguntó:

—Higi, ¿vienes por mí hoy porque planeas ir a ver a Alexander para que trate a Ernesto?

Higinio negó con la cabeza y sonrió levemente.

—No, vamos a ir a buscar a Rubén.

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