—¿Tan rápido diste con Rubén? —preguntó Doris sorprendida.
Si lo habían encontrado tan pronto, significaba que Higinio ya estaba preparado desde antes.
Higinio sonrió con astucia.
—Siempre supe dónde estaba Rubén, solo me hice el desentendido. Vamos a ir a ver a Izin para preguntarle amablemente dónde lo tiene.
A Doris le brillaron los ojos.
—Ah, órale. Vas a ir a picarle la cresta a Izin para que crea que te tiene agarrado de las manos. Qué interesante. Va, pues vámonos.
En el camino, mientras comían algo ligero dentro del auto, Higinio comentó:
—Doris, mi hermano Alexander me dijo anoche que quiere ir a tu fiesta de cumpleaños.
Doris se extrañó un poco.
—No soy muy cercana a Alexander, ¿por qué le dio de repente por ir a mi fiesta?
—Antes de decirme que quería ir, me preguntó específicamente si el abuelo y yo íbamos a asistir —respondió Higinio.
Doris captó la jugada al instante.
—Seguro Alexander quiere aprovechar mi fiesta para acercarse al señor Villar. ¿Pero solo pidió invitación para él? ¿No dijo nada de llevar a Ernesto?
Higinio asintió.
—Sí, solo para él.
Doris lo pensó un momento.
—Higi, ¿qué crees que trame Alexander?
—Quizás Alexander y Ernesto tienen diferencias sobre cómo manejar esto —teorizó Higinio—. Ernesto quiere actuar por su cuenta y Alexander igual; ninguno de los dos quiere que el otro corra riesgos innecesarios.
Doris se quedó callada un segundo y luego miró a Higinio con cierta lástima.
—Pues mira que se quieren mucho esos dos, tío y sobrino. Resulta que tú, que eres el hermano de sangre, sales sobrando en esa ecuación.
Higinio soltó una risa que pretendía ser de autocrítica.
—Dímelo a mí.
Doris no pudo evitar reírse.
—Si todavía puedes bromear con eso, significa que no te pegó tanto.
Silvia estaba sentada en el sofá. Le lanzó una mirada llena de veneno a Doris, pero luego puso cara de mustia y dijo apenada:
—Higinio, vienes a buscar a Izin, ¿verdad? Fíjate que no está.
Higinio sonrió tranquilo.
—No hay bronca, me da lo mismo decírtelo a ti.
La sonrisa de Silvia se tensó un poco.
—¿Ah, sí? ¿De qué se trata?
—Dile a tu hermano que más le vale regresar a Rubén al asilo de inmediato —dijo Higinio con tono amable pero firme—. Porque si algo sale mal, me temo que los negocios que tu papá Hugo tiene allá en el extranjero se van a ir al carajo.
A Silvia se le descompuso la cara.
—¿A eso viniste, Higinio? Aunque no tengo idea de por qué vienes a preguntarle a Izin sobre la desaparición del tío Rubén, le pasaré el recado.
Higinio continuó sin perder la calma:
—Me parece perfecto. El tiempo corre. Antes de que yo tome posesión formalmente como heredero de la familia Villar, lo mejor para ustedes es que se porten bien y se alineen. Así puedo garantizarles que no les faltará nada. Pero si se ponen tercos... van a terminar igual de mal que la familia de Julián.
Silvia no pudo aguantar más el coraje.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida