—Sí, Julián trajo a bastante gente y por poco se arman los golpes con los guardaespaldas de la familia Carrasco. Al final, Oriana no aguantó más e hizo que sacaran a Andrea a la fuerza; le gritó que la corría de la casa y que ni soñara con volver a pisar la propiedad de los Carrasco —informó Sombra.
Doris se quedó pensando. «¿Será una estrategia para dar lástima?».
No estaba segura. Todavía faltaba una semana para su fiesta de cumpleaños, así que decidió esperar.
—Está bien, tú sígueles la pista a Julián y a Andrea —Doris estaba a punto de colgar cuando una idea le cruzó por la mente—. Espera. Mientras vigilaban a Julián, ¿qué hay de su esposa Fátima? ¿Qué está haciendo?
—Jefa —respondió Sombra—, los muchachos dicen que no han visto a Fátima por ningún lado.
—¿No la han visto?
—No.
Doris tuvo un presentimiento repentino.
—Ya entiendo. Que no le quiten el ojo de encima a Julián ni un segundo.
—Entendido, Jefa.
Doris colgó, aventó el celular al sofá y frunció el ceño.
Ya había pasado un buen rato desde la última vez que Fátima vino a armarle un escándalo para saber dónde estaba Ricardo. Conociendo a esa mujer, si hubiera ido a Pueblo de la Luna a buscarlo, aunque Ricardo no quisiera regresar con ella a Solara, no era normal que Fátima se quedara callada y desaparecida tanto tiempo.
Doris tenía un sexto sentido muy afilado para las cosas extrañas. Con la sospecha ya sembrada, decidió llamar a Félix para preguntar cómo estaba todo con Ricardo.
—Dorita, ¿qué pasó?
—Félix, quería preguntarte algo. ¿La madre de Ricardo fue a buscarlo al pueblo hace poco?
—Ah... sí, su mamá vino. Pero no aguantó el ritmo, se peleó con Ricardo y se regresó a Solara. ¿Por qué?
La mirada de Doris se oscureció.
—Félix, ¿estás seguro de que regresó a Solara?
—Pues no te lo puedo asegurar al cien. Ese día los oí discutiendo, ella gritó que se iba y después ya no la vi más. Supongo que se regresó. ¿Qué onda? ¿A poco la mamá de Ricardo está desaparecida?
—Es posible que Fátima realmente haya desaparecido —dijo Doris.
Colgó y dijo:
—Adelante.
Jael abrió la puerta y entró.
—Señorita Palma.
—¿Qué pasó?
—Patricio publicó un tuit hace media hora —dijo Jael—. ¿Ya lo vio, señorita Palma?
—No. Ahorita lo checo.
Sacó el celular, abrió Twitter y buscó el perfil de Patricio. La última publicación decía:
[No voy a defraudar la confianza que me tienen. En este duelo, voy a ganar sí o sí.]
La imagen adjunta era la misma que ella había subido: la página de votación que los usuarios habían creado para el duelo entre sus nuevas canciones.

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