Entrar Via

Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 656

Estaba clarísimo: a Diego le habían reventado una botella en la cabeza.

Dentro del privado se escuchó cómo todos contenían el aliento, pero nadie se atrevió a decir ni pío.

En aquella oscuridad absoluta, moverse era casi imposible. Sabían que no eran rivales para Doris y que cualquier movimiento en falso solo serviría para ponerse en peligro.

Es más, en ese momento, ni siquiera Damián se atrevía a abrir la boca.

—Sale, Diego, por hoy te perdono la vida —dijo Doris, y se enderezó. A pesar de que el privado estaba en tinieblas, ella supo orientarse perfectamente y caminó directo hacia la salida.

En cuanto puso un pie afuera, el pasillo, que también estaba a oscuras, se iluminó de repente con un tenue resplandor.

Erna luciérnagas.

Aquellos insectos se agruparon formando un sendero de luz, guiando a Doris para que pudiera marcharse con total naturalidad entre las sombras.

Damián reaccionó y gritó:

—¡Deténganla!

Sin embargo, nadie pudo responderle. Solo se escuchó la risa burlona de Doris.

—¿Damián, neta no te has dado cuenta de cómo estás? ¿Todavía quieres detenerme? Mejor preocúpate por calmar a la gente que tienes allá afuera en La Candela, porque se te va a armar.

Acto seguido, el sonido de sus pasos se fue alejando.

Mientras tanto, en la pista de baile de la planta baja, el caos reinaba.

—¡¿Dónde está el señor Carrasco?! ¡¿Qué chingados está pasando?! ¡¿Por qué no sale a darnos una explicación?!

—¡Exacto! ¡¿Cómo se va la luz así nada más?! ¿A poco es parte del show o qué?

—¡Queremos que nos den la cara! ¡Esto es una falta de respeto!

Los clientes, que ya estaban armando alboroto, notaron de pronto una fuente de luz que se acercaba y voltearon con curiosidad.

—¿Qué es eso? ¿Por qué brilla?

—Se me hace que lo vi en un libro alguna vez...

—¡Sí! Son luciérnagas, creo que así se llaman.

—¡No manches, a poco sí existen y brillan de verdad! ¡Es la primera vez en mi vida que veo una!

—¿Pero de dónde salieron?

De vuelta en el privado VIP, incluso después de que Doris se marchó, el silencio seguía siendo sepulcral.

Solo Damián rompió la quietud: pateó la mesa de centro con furia, tirando todo, y salió del cuarto hecho una fiera.

Ya en el pasillo, vio a sus guardaespaldas intentando levantarse del suelo. Damián le puso la bota en el pecho a uno de ellos y le gritó:

—¡Bola de inútiles!

¡Doris había logrado irse de su propio territorio como si nada!

Aquello era una humillación directa. Le habían visto la cara en su propia casa.

Su reputación y la de La Candela en todo Solara iban a quedar por los suelos.

Tenía que investigar a fondo cómo diablos le había hecho Doris para cortar la electricidad.

Su asistente, usando el celular como linterna, le echó una mirada rápida a Ariana y se apresuró a seguir a Damián.

No se sabe cuánto tiempo pasó, pero finalmente la luz regresó al privado, revelando la escena ante los ojos de los presentes.

Diego estaba hecho bolita en el sofá, abrazándose la cabeza con ambas manos. Tenía el cráneo empapado en sangre; el líquido rojo escurría hasta el tapiz del mueble, creando una imagen perturbadora.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida