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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 663

—¿Es Diego Álvarez su hijo?

Al escuchar esa pregunta, Lina sintió como si un rayo le partiera el cerebro, dejando su mente en blanco. Abrió los ojos desmesuradamente, con la boca entreabierta, incapaz de emitir sonido alguno.

Le tomó un buen rato reaccionar y confirmar que, en efecto, hablaban de su hijo.

—El fallecido... ¿es mi hijo Diego? —La voz de Lina temblaba, como si cada palabra pesara una tonelada.

La persona al teléfono, indiferente a su estado, continuó:

—Su hijo Diego Álvarez sufrió un accidente automovilístico grave en el cruce de la Avenida de la Libertad. Murió al instante. El cuerpo quedó en muy mal estado, necesitamos que un familiar venga al Hospital Santo Tomás para identificar el cadáver.

Lina sintió que una mano invisible le estrujaba el corazón, impidiéndole respirar. Apretó el celular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Colgó de inmediato y se levantó de golpe para salir corriendo al Hospital Santo Tomás, pero el movimiento brusco le provocó un mareo tan fuerte que casi se desploma.

Ariana observó la reacción de Lina con extrañeza.

Esa mujer nunca perdía la compostura de esa manera. Siempre tan segura de sí misma, pero ahora, Ariana veía en su rostro y en su mirada el reflejo de un golpe devastador.

¿Qué demonios había pasado?

Lina se llevó la mano al pecho, apoyándose en el sofá para recuperar el aliento, y luego salió disparada hacia la puerta.

Ariana, intrigada por la noticia que había recibido su madrastra, salió tras ella.

Las piernas de Lina fallaron y estuvo a punto de caer de rodillas. Las lágrimas brotaron como un río desbordado.

—Hijo... mi hijo... —gimió, con la voz ahogada en desesperación.

Aunque el rostro estaba irreconocible, ella supo al instante que era él. Ese contorno familiar, esa sonrisa que ya no estaba, todo pasaba por su mente como una película.

¿Cómo era posible? Hacía dos horas él estaba frente a ella, haciendo berrinche porque no quería irse del país. Y ahora era un cadáver frío y destrozado.

El dolor era tan intenso que sentía que se iba a romper. No podía aceptar que su hijo se hubiera ido así.

—¡Donato! ¡Te dije que cuidaras a mi hijo! —Lina se derrumbó sobre el cuerpo, llorando a gritos, antes de volverse hacia Donato con furia.

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