Lina sentía como si le hubieran drenado hasta la última gota de energía. Entró en la habitación tropezando, tratando desesperadamente de aparentar normalidad. Se forzó a dibujar una sonrisa tensa en el rostro y le dijo a Xavier:
—Amor, te tomaste el día libre...
No había terminado la frase cuando Ariana, sentada en el sofá, soltó una risa burlona.
—Sí, mi papá se tomó el día expresamente para estar contigo. ¿No te da gusto?
Lina se tragó el miedo y respondió:
—¿En serio? Me hace muy feliz, de verdad.
Pero el rostro de Xavier estaba tan oscuro que daba miedo. Clavó la mirada en Lina y sentenció sin piedad:
—Hoy no vas a salir de esta casa. Ni se te ocurra moverte.
Lina se apresuró a contestar:
—Eso pensaba hacer, justo quería quedarme hoy en casa para estar con nuestro hijo y aprovechar el tiempo.
Al decir esto, las lágrimas brotaron de sus ojos como una presa que se rompe.
Ariana curvó los labios en una sonrisa cargada de sarcasmo.
—¿Estás segura de que es hijo de mi papá? ¿O será hijo tuyo y de Donato?
Lina miró a Ariana con incredulidad, fingiendo estar profundamente herida.
—Ariana, ¿cómo puedes decir algo así? Sé que durante años me has tenido mala voluntad y siempre has creído que yo tuve la culpa de lo que le pasó a tu madre, ¡pero te juro que no fue así! Tu papá y yo nos amamos de verdad, ¿por qué te empeñas en no creerme?
—Ah, claro, un amor tan verdadero que le diste a mi papá un hijo de otro hombre. Qué conmovedor, casi lloro —Ariana esta vez no se dejó provocar por el teatro de Lina.
Ella sabía perfectamente que, esta vez, Lina estaba acabada.
No importaba cuánto actuara frente a su padre, ¡ya no serviría de nada!
Lina había cometido el error de pisotear el orgullo de Xavier, tocando la fibra más sensible que un hombre como él no podía tolerar.
Lina, al ver que no podía manipular a Ariana, cambió de táctica y se dirigió a Xavier con los ojos anegados en llanto, buscando compasión:
—Mi amor, tú conoces mis sentimientos. Seguro alguien quiere meter cizaña para separarnos, es pura envidia porque no soportan ver que llevamos más de veinte años de felicidad.
Ariana sonrió levemente.
—Papá, ¿por qué me ves así? ¿Qué, ahora dudas de que yo sea tu hija? Si quieres, no tengo problema en hacerme la prueba ahorita mismo.
Xavier se quedó mudo un instante. Luego, con el rostro desencajado, advirtió:
—¡No quiero que estos trapos sucios salgan de la casa!
Ariana no pudo contener una carcajada.
—¿Crees que hace falta que yo diga algo, papá? Todo esto ya lo analizaron los usuarios en internet. ¿Apenas te vas dando cuenta de que Lina te vio la cara?
Hizo una pausa y sonrió con lástima fingida.
—Así es el karma, papá. El que a hierro mata, a hierro muere. O en tu caso, el que pone el cuerno, termina con un par más grandes. Traicionaste a mi mamá con esta mujer que sabías que era una rompehogares, te llenaste la boca diciendo que era amor verdadero... y mira. Es patético, de verdad da risa.
Xavier golpeó el brazo del sofá, lívido de rabia.
—¡Ariana!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida