—Entendido.
Tras colgar, Doris miró la fecha en la pantalla de su celular.
Ya pasaba de la medianoche; era 20 de noviembre.
Faltaba un solo día para su cumpleaños.
Fátima había estado desaparecida todo ese tiempo y, casualmente, escapaba hoy. Era obvio que alguien la había dejado ir a propósito.
Parecía que tenían miedo de que Fátima no llegara a tiempo para armar un escándalo en su fiesta de cumpleaños.
Jah, pues entonces tendría una buena charla con Fátima para hacer el juego mucho más divertido.
...
Al día siguiente.
Durante el desayuno, Doris le pidió a su mamá guapa que le trajera cuatro invitaciones para su fiesta.
—Claro que sí —respondió Tatiana.
Tatiana bajó de su habitación con las invitaciones y una pluma fina.
—¿A quién vas a invitar esta vez? ¿Gente de la empresa? —preguntó mientras se las entregaba.
Doris tomó la pluma y respondió:
—A Ricardo y a los demás.
Tatiana se quedó pasmada.
—Doris, ¿por qué cambiaste de opinión?
Felipe también se mostró sorprendido.
Doris escribió los nombres de los hermanos Ricardo y Patricio mientras explicaba:
—Julián se alió con la familia Carrasco. Ambos planean acabar conmigo. Siendo así, en lugar de estar a la defensiva, prefiero encararlos de frente.
—¡¿Qué?! Ese Julián... ¡¿cómo es que no se rinde?! —exclamó Tatiana, frustrada.
Felipe, sin embargo, lo entendía.
—Después de tantos años, él ya daba por hecho que todo lo de la familia Palma sería para ellos. Perderlo todo de golpe, justo en la recta final... no iba a renunciar tan fácil.
Suspiró y asintió, dándole la razón a su hija.
—Doris tiene razón. No podemos escondernos. Hay que enfrentarlos y aplastarlos de una vez por todas.
Al ver que su esposo estaba de acuerdo, Tatiana no objetó más.
Vio que la última invitación estaba dirigida a Andrea y no a Fátima, así que preguntó con curiosidad:
Ricardo estaba más bronceado que antes; se notaba que sí había ido al pueblo a "vivir la experiencia".
—Fui al pueblo donde vivías —dijo Ricardo.
—Ah, ya sé. Tu mamá vino a hacer un drama a la empresa —replicó Doris con sarcasmo.
Ricardo se quedó callado un momento y luego continuó:
—Esos señores y señoras te trataron muy bien.
—¿Y eso no es lo normal? No todos tienen el cerebro tan atrofiado como tu familia.
Ricardo volvió a quedarse sin palabras.
—Ayer vi que tu papá mandó al mayordomo a recogerlos para traerlos a Solara. Ya deben estar instalados, ¿no?
—Eso no es tu bronca —cortó Doris, mirando su reloj—. Si no tienes nada más, ahí te ves.
Al ver que Doris se daba la vuelta para irse, Ricardo se levantó de un salto y soltó el motivo de su visita:
—Doris, ¿puedo ir a tu fiesta de cumpleaños mañana?
Ricardo ya estaba preparado para el rechazo, pero guardaba una pizca de esperanza.
—¡Va! —soltó Doris sin dudarlo.

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