Un policía que estaba a un lado soltó una risa burlona.
—Me vale madre de quién seas gente. En cuanto te dictan sentencia de muerte, pasas a ser propiedad de la Calaca.
¿Cómo fue que todo acabó así de repente?
Antes ella gozaba de tanta gloria, controlando el destino y la vida de muchas chicas.
Pero ahora, estaba a punto de colgar los tenis.
¿Por qué demonios pasó esto?
Si nos vamos al pasado, ¡todo fue porque hace veinte años su madre se metió de tratante y compró al hermano menor del señor Villar!
La Dientona se sintió completamente desesperada y gritó con todas sus fuerzas:
—¡Mamá, me diste en la toda la torre, me arruinaste la vida!
***
Doris cerró el video del juicio de La Dientona.
Perfecto.
Ya se habían deshecho de varios de los perros falderos de Damián.
El tal Herminio que quedaba no representaba ninguna amenaza real; haber apostado con él no fue más que para matar dos pájaros de un tiro y darle una lección a los demás.
A la familia Carrasco la iba a destruir sí o sí.
Pero antes de acabar con los Carrasco, primero tenía que encargarse de Carolina. Ya que tanto quería ocupar el lugar de La Dientona para trabajarle a Damián, pues que siga los pasos de La Dientona y se espere a que le dicten sentencia de muerte.
Pero antes de eso...
Pensando en ello, Doris marcó el número de Sombra.
—Sombra, pon a alguien a investigar cuál fue el pretexto que usó Carolina para volver a involucrarse con Damián.
—Entendido.
***
Centro de Talento Creativo.
Carolina miraba a la chica nueva que acababan de traer.
—¿Qué edad tienes?
La chica respondió tímidamente:
Desde las doce de la noche de ayer hasta ahora, no había recibido ni un solo mensaje personal de felicitación.
Y pensar que antes, cada cumpleaños suyo era como si la luna estuviera rodeada de estrellas. La gran mayoría de las señoritas de sociedad o los juniors ricos de Solara que tenían trato con ella se desvivían por mandarle felicitaciones.
¡Pero ahora, resulta que ni uno solo!
De repente, vio que alguien la había etiquetado en el grupo [La Élite de Solara].
¿Sería que alguien sí se acordó de felicitarla?
Entró apresuradamente, pero vio que quien la etiquetaba era Rosalinda, y al mismo tiempo etiquetaba al administrador del grupo.
[Saquen a Carolina de una vez, ya ni siquiera es la señorita Palma, no tiene vela en este entierro para estar en este grupo].
Carolina se puso tan furiosa que le dieron ganas de meter la mano por la pantalla para sacar a Rosalinda de las greñas y darle una buena tunda.
Muy pronto, el administrador contestó con un sticker de [OK].
Poquito después, Carolina recibió la notificación de que había sido eliminada del grupo.
Apretó los puños, se armó de valor y marcó el número de Damián.
[Señor Carrasco, hoy es mi cumpleaños, ¿habrá algún regalito o beneficio?]

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