—Sí, sí, sí... Muchísimas gracias, señorita. —La voz al otro lado del teléfono estaba claramente eufórica.
¡Y cómo no! Los dos millones originales ya eran una fortuna caída del cielo, ¡y ahora se habían duplicado!
—Cuando tengas la droga, entrégasela a mi mamá.
—Entendido.
Al colgar, Doris soltó una risa fría. Envenenar a sus invitados.
Ja, se ve que Carolina ya está dando patadas de ahogado.
Esta fiesta de cumpleaños no era como el banquete de bienvenida anterior.
En la fiesta de bienvenida había invitados de todas las familias ricas de Solara, gente de todo tipo. Pero en este cumpleaños, los invitados eran familiares y amigos muy cercanos.
Aunque la comida tuviera algún problema, ¿cómo iban a atreverse a culparla a ella?
Además, Félix y los demás eran médicos buenísimos; si la comida tenía algo raro, seguro se darían cuenta.
¡Qué tipa tan estúpida!
Aprovecharía esta oportunidad para que la tonta de Carolina se tragara su propio veneno otra vez.
Marcó el número de su hermosa madre.
Al poco rato contestaron, y se escuchó la voz suave de la mujer:
—Doris, ¿qué pasó?
—Mamá, el encargado de la cocina te va a llevar una cosa al rato, es muy importante, recíbela por mí, por favor.
—Está bien.
Al colgar, en los ojos de Doris apareció una burla evidente.
Cuando tuviera la droga, dejaría que sus bichos venenosos se la pusieran a escondidas a Damián y a toda esa bola de achichincles que lo seguían.
—De verdad que te luciste. He visto a muchas mamás hacer el pastel ellas mismas, pero que hasta diseñen la forma y el modelo, es la primera vez que lo veo.
Tatiana seguía con la cabeza baja, concentrada en untar la crema.
—Siempre quise tener una hija, así que desde que Doris me dijo «mamá», decidí que le iba a dar lo mejor que pudiera, nada a medias.
Sandra dijo:
—Yo también tengo una hija y entiendo cómo te sientes, pero sigo sin poder hacer lo que tú haces porque me he pasado media vida trabajando. Pero si pudiera volver a empezar, seguiría el mismo camino, aunque mi hija la haya sufrido un poco.
—¿Tu hija apoya tu carrera? —Tatiana se detuvo y miró a la señora Torres, quien había liderado a su equipo para crear milagros médicos.
—Me apoya mucho, sobre todo después de que gané el premio y salí en las noticias. Me llamó para decirme que estaba orgullosa de mí y también que sentía haberme decepcionado por no poder seguir mis pasos. —Al decir esto, Sandra sonrió con amargura—. Pero la verdad es que nunca le exigí que siguiera mi carrera, solo espero que sea feliz con una vida tranquila.
Tatiana dijo:
—El amor es de dos vías, y el amor de familia también. Tu hija te apoya y tú nunca la forzaste, eso ya es algo muy bueno.

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