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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 721

Doris tomó la caja roja que le entregó Félix, la abrió y, al ver el amuleto rojo en su interior, sonrió:

—Gracias a todos, damas y caballeros.

Con Félix y su grupo poniendo el ejemplo, los demás invitados se acercaron uno por uno para entregarle sus regalos a Doris.

Antonio le regaló una pluma fuente de edición limitada.

Como la última vez que los Lara se conocieron dieron regalos muy ostentosos —desde yates y aviones privados hasta tesoros exóticos—, esta vez sus obsequios parecían mucho más sencillos.

Lisandro dijo:

—Este es un dibujo que hice especialmente para ti.

Dicho esto, desenrolló el lienzo que tenía en la mano. La mujer en el dibujo capturaba el ochenta por ciento del encanto de Doris.

La Doris del cuadro estaba tocando el piano, tal como en la fiesta de bienvenida de la vez pasada.

—¡Está increíble! ¡Gracias, tío! —exclamó Doris maravillada.

La voz de Rosalinda se escuchó a lo lejos:

—¡No manches! ¡Tío, yo también quiero que me dibujes uno!

Al oír eso, todos soltaron la carcajada.

—¡Ándale, vete a volar! ¿Quién es tu tío? —Lisandro hizo un gesto con la mano para espantarla.

Rosalinda le sacó la lengua.

Ian empujó a Lisandro a un lado y se adelantó diciendo:

—Doris, ven, hice tres casitas especiales para tus tres viboritas.

Al escuchar esto, las tres serpientes, que estaban escondidas en los bolsillos invisibles del vestido, asomaron la cabeza y miraron con curiosidad los nidos que Ian les había hecho.

—Miren, a Negrito, Blanquito y Verdín les encantaron.

Luego siguió Mateo Lara, quien dijo:

—Mandé a hacer un botiquín personalizado para ti, para que te sea más fácil cargarlo a diario.

Darío Lara añadió:

—Yo te mandé a hacer tres estuches para agujas, cada uno con una de tus serpientes bordada.

Doris aceptó los regalos uno por uno:

—¡Me encantan!

Por último, solo quedaba Neo Lara.

Sacó un álbum de fotos.

—Doris, estas son fotos y videos de tu mamá cuando era niña. Los organicé en este álbum, pensé que te gustaría ver cómo se veía tu mamá de pequeña.

Higinio tomó el regalo del abuelo y asintió.

—Sí, abuelo.

Rosalinda se levantó primero, se puso detrás de la silla de ruedas de Higinio y dijo con entusiasmo:

—Higinio, ¡yo te empujo!

Al ver que Higinio y Rosalinda ya iban hacia Doris, Alexander lo pensó un momento, miró a Enrique, y también se levantó para seguirlos.

Al llegar frente a Doris, Higinio le entregó una caja de madera y un sobre que estaba encima, sonriendo con gusto.

—Dori, estos son los regalos de mi abuelo y míos.

Doris apenas tomó los regalos cuando Rosalinda preguntó con curiosidad:

—Higinio, ¿qué le regalaron el abuelo y tú a la prima?

Aunque le preguntaba a Higinio, tenía los ojos clavados en Doris.

Doris sonrió.

—Yo también tengo curiosidad.

Los Lara, que acababan de dar sus regalos, también estiraron el cuello para ver y comentaron con curiosidad:

—Doris, ábrelos para que veamos. El joven Villar va a ser tu marido, es la primera vez que te celebra el cumpleaños, así que no puede ser nada codo.

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