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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 722

Higinio respondió con humildad:

—No me atrevería.

Doris soltó una risita y preguntó:

—¿Cuál es el tuyo?

—El del sobre —dijo Higinio.

—Entonces veré primero el del joven Villar —dijo Doris, abriendo la caja de madera.

Adentro había unas semillas.

—¿Qué es eso? —preguntó Rosalinda confundida.

Doris, sin embargo, lo reconoció al instante.

—Son semillas de plantas medicinales muy difíciles de conseguir en el extranjero, aquí no las hay porque son muy complicadas de cultivar.

Dicho esto, miró al señor Villar.

—Muchas gracias por el regalo, Don Enrique.

—Me alegra que te guste —suspiró Enrique—. Sé que has cultivado muchas hierbas raras. Me enteré después de la fiesta de bienvenida, cuando me diste esa planta exótica, que tú eras la proveedora de las hierbas medicinales de la casa de subastas más grande de Solara. Eres una joven muy exitosa.

Al escuchar esto, Julián y Andrea se quedaron en shock.

En la casa de subastas más grande de Solara, cada año la gente de la alta sociedad se peleaba por las hierbas raras, pero aparte del dueño de la subasta, nadie sabía quién las proveía.

¡Quién iba a decir que la persona estaba justo frente a sus narices!

Con razón...

¡Con razón el dueño de la casa de subastas vino a la fiesta de compromiso de Doris y Higinio la vez pasada!

***

—¡¿Qué?! ¿Todas esas hierbas raras de la subasta las cultiva Doris?

En el palco exclusivo de La Candela, al escuchar las palabras de Enrique, todos, incluido Damián, se quedaron pasmados.

—Esas hierbas se subastan aquí en Solara por lo menos en cinco millones cada una, ¡eso significa que está podrida en dinero! —Herminio reaccionó, sorprendido, pero sobre todo arrepentido.

Doris sacó el documento del sobre: era un acuerdo prenupcial.

—¡No inventes, es en serio! —exclamó Rosalinda.

Doris le dio una leída rápida. El acuerdo decía que, después de casarse, si Higinio le era infiel o pedía el divorcio, todos sus bienes pasarían a ser propiedad de Doris y él se iría sin un centavo.

Claro, también incluía cláusulas para evitar vacíos legales.

Básicamente, si a Higinio se le ocurría ponerle el cuerno, se quedaba en la calle.

—Higi, la verdad no hacía falta. Tú sabes que no necesito dinero, ahorita ya tengo todo el patrimonio de la familia Palma —Doris levantó la vista hacia Higinio, encontrándose con su mirada profunda y atenta.

Higinio dijo con seriedad:

—Que no te falte dinero es asunto tuyo, pero hacer el compromiso es asunto mío. Al final, las palabras se las lleva el viento, solo el patrimonio real respalda mi promesa.

Hizo una pausa y sonrió:

—En realidad, este acuerdo para ti es como un cheque en blanco, porque estoy seguro de que no te voy a traicionar. Probablemente nunca tengas la oportunidad de dejarme en la calle.

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