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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 728

Si pudiera, le encantaría ver con sus propios ojos lo denigrante que se veía Damián en ese estado.

Lástima que todavía no podía romper relaciones completamente con él.

Sombra mantuvo su expresión fría:

—Está bien, yo me quedo vigilando la situación en La Candela.

Cuando Ariana bajó del auto, Sombra llamó a sus subordinados.

—¿Cómo está la situación adentro de La Candela?

—Fueron cincuenta y seis personas drogadas en total, incluyendo a Damián y su grupo. Los otros afectados son clientes que tienen negocios con la familia Carrasco, tal como ordenaste. Ahorita a todos ya les pegó el efecto; hombres y mujeres están buscando con quién desahogarse, es un desmadre total de lujuria. Claro, ya grabé todo y lo subí a la nube en tiempo real. Mañana sale a la luz.

—Bien.

Al colgar, Sombra miró hacia La Candela.

¡Se atrevieron a usar esa droga contra Doris y sus seres queridos! ¡No saben con quién se metieron!

¡Mañana van a clausurar ese lugar!

Pensando en eso, Sombra pisó el acelerador y se fue.

***

—¡Doris, maldita escuincla! ¡¿Cómo tienes cara para hacer una fiesta de cumpleaños aquí?!

Después de comer, la gente del pueblo estaba platicando anécdotas con los amigos de Doris en Solara.

De repente...

En el patio se escuchó la voz furiosa de Fátima.

Ricardo y Patricio se quedaron helados y voltearon hacia la entrada.

—Mamá...

Fátima cruzó la puerta, señaló a Doris y siguió gritando:

—¡Eres una malnacida! ¡Secuestraste a tu propia madre y mandaste gente a torturarme!

—Sí, mamá, hoy es el cumpleaños de Dori, ya no hagas escándalo.

—¡Escándalo! ¡Ustedes dos creen que estoy haciendo un escándalo! ¿Me tengo que morir para que me crean o qué?

En ese momento, Julián, que los había seguido, dijo:

—¿No se han dado cuenta de lo flaca que está su madre?

Ricardo y Patricio se quedaron pasmados; ahí notaron que, efectivamente, su madre había bajado muchísimo de peso.

—Esto... —Ricardo dudó.

—Mamá, no volviste en todo este tiempo, ¿de verdad te secuestraron? —preguntó Patricio.

—¡Por qué les iba a mentir! —dijo Fátima quitándose la bufanda—. Miren las heridas que traigo, me torturaron día y noche. Si no fuera porque pensaba en ustedes, no hubiera tenido el valor de aguantar hasta escaparme.

Se limpió las lágrimas, señaló a Doris y volvió a gritar:

—¡Fue ella, su hermana, la que mandó que me secuestraran y me torturaran!

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