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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 753

Al escuchar esas palabras, el rostro de Andrea se puso blanco como el papel al instante, como si le hubiera caído un rayo. Abrió los ojos desmesuradamente, mirando a la otra con incredulidad, y preguntó con voz temblorosa:

—¿Qué? ¿Dices que van a meter a Julián a la cárcel? ¿Qué está pasando?

Al ver esto, la comisura de los labios de Doris se curvó en una sonrisa burlona y dijo sin piedad:

—¿Qué crees que significa? ¿A poco no lo tienes claro? Ya deja de hacerte la tonta, Andrea. Seguramente sabes lo que hizo Julián, ¿no?

El corazón de Andrea se hundió de golpe. Se dio cuenta de que el plan de Julián probablemente había sido descubierto. Sus piernas perdieron fuerza como si le hubieran quitado el soporte, y casi se cae.

Sin embargo, Andrea se obligó a mantener la compostura y replicó:

—¡No sé de qué estupideces estás hablando! ¡No creas que porque tu abuelo ya no está en la familia Palma puedes hacer lo que se te dé la gana y volverte una salvaje! ¡Te aviso que no voy a dejar que me pisotees!

Doris sonrió con indiferencia y respondió fríamente:

—Como el abuelo no está, claro que puedo hacer lo que se me antoje. En cuanto a ti... ¿de verdad crees que vas a poder vivir tranquila en la familia Palma?

Dicho esto, Doris se giró hacia el mayordomo de la villa oeste y ordenó:

—Ve y tráeme a Julián.

Andrea se quedó pasmada.

Poco después, trajeron a Julián frente a Doris.

Doris miró a Julián sin expresión alguna, con un destello de frialdad en los ojos. Su voz, tranquila pero firme, preguntó:

—¿Andrea sabía que pagaste a un sicario para matar a tu esposa?

La cara de Julián se puso pálida al instante. Esa pregunta fue como una espada clavándose directo en su corazón, sin dejarle escapatoria.

—¿Y tu abuelo? ¡Quiero ver a tu abuelo! —dijo Julián tratando de mantener la calma, aunque su voz delataba pánico e inseguridad.

—Julián, aunque yo te perdonara, ¿crees que tu esposa Fátima te va a perdonar?

Julián se apresuró a decir:

—¡Fátima seguro que me perdona, claro que sí! Nuestros sentimientos son muy profundos, ella va a entender mis razones. Solo fue un momento de confusión, Damián me manipuló y me confundió para que hiciera eso. ¡De verdad que no fue mi intención buscar a alguien para matarla y culparte a ti, Damián me obligó a todo!

Doris esbozó una sonrisa helada.

—¿Ah, sí? Pues deja que le pregunte a tu esposa personalmente.

Entonces, marcó el número de Patricio para ver si Fátima realmente lo perdonaría.

La llamada entró rápido, pero del otro lado no se escuchaba nada.

—Patricio, ¿y tu mamá? ¿Ya despertó? —preguntó Doris directamente.

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