Pasó un momento antes de que Patricio respondiera:
—...No está dormida.
Doris continuó:
—Perfecto. Tu papá dice que tu mamá lo va a perdonar y me pide que no lo mande a la cárcel. Así que le pregunto a tu mamá por parte de tu papá: ¿lo va a perdonar?
Al terminar de hablar, Doris puso el altavoz a propósito para que Julián pudiera escuchar la conversación.
Julián miraba fijamente el celular con nerviosismo, esperando la respuesta de Fátima.
—¡Que se vaya mucho a la chingada! ¡Jamás en mi vida voy a perdonar a ese animal!
Justo después de escuchar esa frase llena de furia extrema de Fátima, Doris tomó el celular y colgó. Se rio y dijo:
—¿Escuchaste? Animal, tu esposa no tiene ninguna intención de perdonarte.
Volvió a preguntar:
—Entonces, ¿Andrea también participó en tu plan?
Al ser cuestionada, Andrea se enfureció y lo negó rotundamente:
—¡Claro que no!
Sin embargo, Julián abrió la boca:
—¡Por supuesto que Andrea lo sabía! Yo estaba pensando en cómo colarme en la fiesta de cumpleaños de Doris, y ella me dijo que podía usar la información comercial de la familia Carrasco para pedirle clemencia a papá.
De todos modos ya no tenía salida, ¡así que mejor arrastraba a alguien más con él al hoyo!
—¡Cállate! ¡No levantes falsos! —gritó Andrea.
—Doris, Andrea no solo sabía que contraté a un sicario para matar a mi esposa, ¡sino que también me instigó a matar a tu abuelo de una vez! ¡Dijo que mientras tu abuelo viviera, ninguno de nosotros podría volver a la familia Palma!
—¡Yo no hice eso! ¡Deja de decir estupideces! —Andrea no pudo aguantar más y se abalanzó sobre él, dándole una cachetada a Julián—. ¡Si sigues hablando basura, te juro que te rompo el hocico!
Julián, más resentido por el golpe, le escupió directamente en la cara a Andrea.
—¡Todavía pensando en salvarte el pellejo! Andrea, ni lo sueñes. Si yo me voy al bote, tú tampoco la vas a pasar bien. ¡A la familia Carrasco no puedes volver, y aquí en la familia Palma no te quieren! ¡Eres una pobre diabla que nadie quiere!
—¡Ah! —Andrea estalló y empezó a golpear a Julián con fuerza—. ¡Todo es tu culpa, eres un animal! Si no fuera por querer ayudar a tu familia a desquitarse, no me habría puesto en contra de Doris, no la habría ofendido a ella ni a la familia Carrasco. ¡Todo es culpa tuya, maldito ave de mal agüero!


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