Otras cosas como provocar accidentes de coche también eran muy comunes.
¿Qué método más cruel y despiadado podría tener Iván?
Con esa duda en mente, Doris terminó de asearse y bajó a desayunar.
—Buenos días, Doris. —Tatiana Lara salió de la cocina junto con Emilia trayendo el desayuno.
Doris volvió a la realidad. Miró el rostro sonriente de Tatiana y luego a Felipe Palma sacando la leche del microondas. En su interior, tomó una firme determinación: sin importar qué trucos usara Iván, no dejaría que se saliera con la suya. ¡Jamás permitiría que sus padres sufrieran el más mínimo daño!
—Buenos días, prima. Ya llegué.
Augusto Carrasco intentó saludar con una sonrisa que pretendía ser alegre.
Tatiana y Felipe, que acababan de sentarse, se miraron extrañados.
¿No le habían dado una paliza ayer? ¿Cómo se atrevía a venir tan temprano hoy?
Doris se giró para mirar a Augusto y le dijo con una sonrisa dulce:
—Buenos días, ven a desayunar.
Al ver su sonrisa, a Augusto le recorrió un escalofrío, pero no tuvo más remedio que acercarse haciéndose el valiente.
Doris empujó su propio desayuno frente a Augusto.
—Come bien, así te recuperarás mejor.
Augusto negó con la cabeza.
—No hace falta, prima...
—¿Mande? —Doris lo miró recargando la barbilla en su mano—. ¿De verdad no quieres?
Tatiana pensó para sus adentros: «Doris suena como si estuviera entrenando a un perro».
La cara de Augusto se tensó, y solo pudo asentir con una risa forzada.
—Entonces gracias.
Al ver esto, Emilia fue por otro desayuno para Doris.

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