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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 841

Al escuchar las palabras de Doris, Augusto sentía que los ojos se le iban a salir de la pura rabia.

Sin embargo, después de haber recibido un garrotazo tras otro por parte de Paola, estaba demasiado malherido y no le quedaban fuerzas para resistirse.

—Ya estuvo, quédate aquí recibiendo tu merecido y a ver si Damián logra encontrarte, aunque lo dudo, porque ahorita él ni siquiera puede cuidarse a sí mismo.

Dicho esto, Doris se levantó, le soltó una última patada y se dio la vuelta para irse.

Al llegar a la puerta, le preguntó a Sombra, que esperaba afuera:

—¿Qué movimiento hubo por parte de Iván después de que se destapó lo de Paola y Salvador?

—Los muchachos dicen que la gente de Iván fue a la prisión del sur —respondió Sombra—, pero no está claro qué fueron a hacer exactamente ahí.

—¿Fueron a la prisión? —Doris frunció el ceño, recordando que antes de regresar a Solara, Carolina había contratado a un criminal fugitivo para causarle problemas.

¿Acaso Iván planeaba usar la misma jugada y soltar a algunos fugitivos para matarla?

Qué chiste. ¿Acaso Damián no le había contado que los sicarios profesionales que contrató en Estados Unidos ya habían sido refundidos en la cárcel?

Aunque pensándolo bien, Iván sí sería capaz de sacar a escondidas a ese asesino gringo de la cárcel para que viniera a buscar venganza.

Pero Doris tenía el presentimiento de que los métodos de Iván no serían tan simples.

¿Qué es lo que realmente planeaba hacer y qué método usaría para vengarse de ella?

¿Atacaría a Entretenimiento Estrella, como hizo con la familia Villar? ¿O iría contra Médica Palma? ¿O quizás Tecnología Prisma?

—Sigan vigilando e investigando —ordenó Doris.

Sombra asintió:

—Sí, jefa.

Llevándose a una Paola aún temblorosa, salieron del punto de reunión en Solara y subieron al carro. Paola finalmente recobró el sentido, miró a Doris con firmeza y dijo:

—Señorita Palma, ¡gracias, de verdad muchas gracias! Ya lo entendí, ¡tengo que vivir bien! Yo no soy la sucia, ¡los sucios siempre han sido esos animales asquerosos!

Doris arrancó el vehículo y sonrió:

—Eso, qué bueno que ya te cayó el veinte. Aunque siento que esto fue muy leve; si necesitas desahogarte más, nomás dime y te traigo otra vez para que le des otra tunda a este Augusto.

Paola asintió:

—¡Va! Señorita, de ahora en adelante quiero trabajar con usted, ¿se puede?

Pero como para eso de escoger regalos Doris no era muy buena, no dudó ni un segundo en marcarle a Rosalinda.

Del otro lado de la línea se escuchó la voz adormilada de Rosalinda:

—¿Bueno?

—Rosalinda, soy yo —dijo Doris riendo—. ¿Estás libre ahorita?

Al escuchar que era Doris, Rosalinda se espabiló de inmediato.

—Acabo de despertar, estoy libre, ¿qué onda?

—Quiero comprar unos regalos, pero no tengo experiencia en esto, así que quería pedirte que me echaras la mano para escoger.

Al oír eso, Rosalinda se animó de golpe y aceptó encantada:

—¡Sin bronca!

—Va, entonces paso por ti, llego como en media hora.

—¡Súper! ¡Me arreglo de volada! —respondió Rosalinda emocionada.

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