¿Solo porque tiene palanca?
¿Porque cree que Doris no se atreve a matarlo?
Si escapa, seguro cumplirá su amenaza y no dejará en paz a Doris, ¿verdad?
La furia de Paola superó su tristeza. Con las manos temblorosas, tomó el bate que Doris le ofrecía y caminó paso a paso hacia Augusto.
Al verla, Augusto la fulminó con la mirada y gritó con la boca ensangrentada: —¡Me vale quién seas! Si me tocas, cuando salga te voy a matar igual que a Doris, ¡no voy a perdonar a nadie, ni a ti ni a tu familia...!
¿Familia? ¡Ja!
¡Ella ya no tenía familia!
¡Solo le quedaba Salvador!
¡Quien se atreviera a amenazarla con Salvador merecía morir!
Paola levantó el bate y lo descargó con fuerza sobre la cabeza de Augusto.
Augusto intentó resistirse, pero Doris sacó una aguja de plata y se la lanzó.
El cuerpo de Augusto se entumeció al instante; se tambaleó y el golpe de Paola no le dio en la cabeza, sino en el hombro.
—Mmm...
Ese golpe no fue tan fuerte como el de Doris; Augusto solo soltó un quejido ahogado.
Paola se dio cuenta de que su golpe fue débil, así que apretó los dientes, levantó el bate de nuevo y siguió golpeando a Augusto.
—¡Muérete! ¡Basuras como ustedes deberían estar muertas!
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