Doris ella... ¡¿acaso sabe el secreto del centro de capacitación?!
Doris bajó la mirada hacia el vientre de Carolina.
—¿No me digas que te acostaste con Damián esa vez que te drogaste, quedaste embarazada y ahora planeas usar al niño para casarte con él?
Rosalinda, que estaba a un lado, se quedó con la boca abierta.
—¿Carolina está embarazada de Damián, no de Herminio?
Carolina recuperó la compostura; no pensaba ocultar su embarazo de todas formas.
—¿Y qué si es así? Doris, todavía no he perdido. Espérate nomás, cuando logre casarme con Damián, ¡te aseguro que le ayudaré a mandarte al infierno!
Doris esbozó una sonrisa de desprecio.
—¿Sabes por qué no has perdido todavía?
Carolina miró a Doris con furia, el odio casi se le salía por los ojos.
Sin inmutarse ante la mirada de Carolina, Doris continuó:
—No es porque tengas oportunidad, es solo que no he tenido tiempo de ocuparme de ti. Mírate ahora, te has convertido exactamente en la persona que más odiabas. Cuando te ves al espejo, ¿no te das asco?
Esas palabras se clavaron como dagas en Carolina. Aguantándose la rabia y la humillación, apretó los puños tanto que las uñas se le encajaron en la piel, y respondió apretando los dientes:
—¡Pues ya veremos de qué cuero salen más correas!
Dicho esto, se dio la vuelta bruscamente y se fue caminando rápido hacia otro lado.
Cuando Carolina se alejó, Rosalinda miró su espalda y dijo un poco sacada de onda:
—Prima, ¿neta Carolina está embarazada de Damián?
—Al principio solo lo suponía —asintió Doris—, pero ya que ella misma lo admitió, es casi seguro que sí.
Rosalinda hizo una mueca de asco evidente.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida