—Claro que la conocemos. Doris, ahorita eres famosísima, ¡obvio te ubicamos! —dijo el que parecía ser el más joven.
—¡Sí, eres una fregona! —agregó otro joven.
En ese momento, Higinio volteó con Doris y empezó a presentarlos uno por uno de izquierda a derecha:
—Dori, ellos son mis amigos. Él es Arturo.
—Emilio.
—Sebastián.
—Julio.
Doris siguió la presentación de Higinio, mirando a cada uno y asintiendo.
Una vez que memorizó sus caras, puso los regalos sobre la mesa y sonrió:
—Hola a todos, soy Doris, la prometida de Higinio. Mucho gusto, aquí les traje unos detallitos, no es mucho pero es con cariño.
—¿Hasta regalos trajiste? Doris, no te hubieras molestado —dijo Arturo, aunque muy emocionado agarró su regalo.
Los otros tres también tomaron los suyos.
Cuando abrieron las cajas...
Arturo se quedó con el ojo cuadrado viendo lo que tenía en la mano:
—Doris, ¿esto es una memoria USB con forma de electrocardiograma?
—Así es —asintió Doris.
Arturo la sostuvo y comentó:
—Doris, te la volaste, ¿de dónde sacaste cosas tan curiosas?
El regalo de Emilio era un libro. Lo levantó y leyó la portada:
—¿"Manual de Primeros Auxilios" edición de lujo?
Julio, mientras abría el suyo, miró el de Emilio y dijo:
—¡Seguro Doris piensa que trabajas demasiado, Emilio! ¡Ponte a estudiar!
Emilio puso cara seria:
—Definitivamente lo voy a leer bien.
Sebastián, por su parte, se quedó pensativo viendo un mapa de puntos de acupuntura que tenía impresa su propia cara en versión caricatura.
A su lado, Arturo soltó una carcajada:
—¡Jajaja! Doris, ¿le estás diciendo a Sebastián que ya empiece a cuidarse la salud por la edad?
—¿Y qué pasó?
Sebastián extendió las manos, pero con una sonrisa en los ojos:
—Aunque mis calificaciones sí mejoraron y me acerqué mucho, en el examen de admisión a la universidad me ganó por siete puntos. Fui el segundo lugar de toda la escuela.
Miró a Higinio con total respeto:
—Y él, siguió siendo el indiscutible primer lugar.
Arturo golpeó la mesa:
—¡No manches, Sebastián, te fue súper bien! ¡Higinio es un genio, solo quedaste siete puntos abajo!
Julio intervino:
—Voy yo.
Se recargó perezosamente en el sofá y tamborileó los dedos en la mesa.
—Yo conocí a Higinio en primer año de carrera. Me metí en broncas afuera de la escuela y unos tipos me acorralaron.
Se encogió de hombros.
—Resulta que Higinio iba pasando y él solo los tumbó a todos.

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