Doris dijo con calma:
—Ma, no me conociste ayer. Ya sabes cómo soy. Si no hice nada malo, ¿por qué me voy a echar la culpa?
Hizo una pausa y continuó:
—El que la hace, la paga. ¡Ahora solo hay que esperar los resultados de la investigación de Higinio y todo quedará claro!
Tatiana se tranquilizó un poco.
—Sí, siempre has sabido cuidarte sola, no necesito preocuparme tanto.
—Ma —dijo Doris—, aunque Higinio ya nos está ayudando, yo tampoco me puedo quedar de brazos cruzados. Tengo que averiguar si este accidente de Médica Palma tiene algo que ver con la familia Carrasco, así que…
—Lo sé, no te preocupes por mí —dijo Tatiana comprensiva—. Yo no puedo hacer nada, así que lo mejor que puedo hacer por ti y para sacar a tu papá es no estorbar.
—No digas eso, ma. Que tú nos esperes en casa es el mayor aliento para mi papá y para mí —Doris miró a su madre y notó las ojeras oscuras alrededor de sus ojos—. Ma, ¿dormiste mal anoche? Anda, ve a echarte una pestañita.
—Está bien.
Con su hija Doris en casa, Tatiana sintió que se le quitaba un peso de encima y obedeció, yendo a su habitación a descansar.
Tras ver a su madre subir, Doris sacó su celular. Estaba a punto de llamar a Sombra cuando entró una llamada de Ricardo.
Doris no colgó, decidió contestar.
—Dori, vi lo de Médica Palma.
—…
—Perdón. Esto no debería tener nada que ver con mi tío, seguro son problemas que vienen desde que mi papá estaba a cargo.
Doris se sentó en el sofá y dijo:
—Aún no está claro, estamos investigando, pero es muy probable que sea una bomba de tiempo que dejó tu papá cuando administraba.
—Perdón, de verdad, perdón…
—¿Me llamaste solo para decirme eso? —interrumpió Doris.

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