Higinio le tomó la mano, le besó el dorso suavemente y dijo con la voz aún más ronca:
—Espera un poco más. Cuando sea el momento adecuado, disfrutaremos juntos dándonos lo mejor el uno al otro.
—Está bien —aceptó Doris. Aunque la verdad, esa espera no solo era una tortura para Higinio; ella también se moría de ganas desde hace rato.
Ojalá las piernas de Higinio se recuperaran pronto para que la llevara al cielo.
Después de los arrumacos, Higinio dijo:
—Bueno, me voy a bañar yo también. Descansa, mañana tienes que ir con tu papá al juzgado.
—Va, entonces al rato ya no hacemos videollamada —asintió Doris.
—Mmm... entonces otro beso —sonrió Higinio.
Y diciendo esto, volvió a besar a Doris.
***
Esa noche, además de la transmisión de Doris revelando la verdad sobre la falla de los equipos en Médica Palma, Higinio también fue tendencia.
Todo el mundo comentaba que las piernas de Higinio parecían estar listas.
[¡Doris es una eminencia médica, no manches! Antes se decía que la familia Villar trajo a un buen de doctores famosos para ver a Higinio y todos decían que sus piernas no tenían remedio. ¡Y miren ahora, ya hasta se para! ¡Aunque no lo vimos caminar!]
[Ya casi queda. Dicen que Doris aseguró que lo curaría en máximo tres meses. Muchos pensaron que era puro choro, pero véanla ahora, ¡cuál choro ni qué nada! ¡Tiene talento real!]
[Uy, entonces eso quiere decir que el puesto de heredero de la familia Villar definitivamente es para el señor Villar, ¡sin duda!]
[¡Pues obvio! Ya estaba decidido que fuera él, pero como el señor Villar se rompió las piernas en el accidente, aunque todos saben que es un genio, un gran imperio no se iba a ver bien con un heredero en silla de ruedas, y los otros candidatos de la familia Villar seguro no se iban a dejar. ¡Pero si ya está bien, don Enrique lo va a nombrar heredero con los ojos cerrados!]
[Antes se burlaban de que el señor Villar estaba inválido y lo obligaron a casarse con la hija perdida que venía del rancho, ¡pero ahora resulta que son una pareja poderosa! ¡La mejor alianza de Solara!]
Damián veía esas tendencias en internet, apretando el celular con tanta fuerza que se le marcaban las venas.
—Señor Carrasco, llegó Carolina.

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