«Amor...»
Doris no recordaba cuántas veces Higinio la había llamado «amor» o «esposa» durante su noche de bodas, pero lo cierto es que se quedó dormida entre esos dulces susurros.
Al despertar al día siguiente...
«Me duele todo el cuerpo».
Ese fue el primer pensamiento de Doris al despertar aturdida.
El segundo pensamiento fue...
¡Higinio se había estado conteniendo!
Pensando en eso, Doris luchó contra el sueño, giró la cabeza y, con los ojos entreabiertos, miró al hombre que la abrazaba.
El hombre tenía los ojos cerrados; sus facciones perfectas lucían serenas, y su piel bajo la luz de la mañana no mostraba ni una sola imperfección.
Qué guapo.
Como una gota de agua cristalina sobre un vidrio limpio, daban ganas de tocarlo.
Quizás por telepatía, Higinio abrió los ojos y se encontró con la mirada apreciativa de Doris.
Enseguida, curvó los labios en una sonrisa, apretó un poco la mano que tenía en la cintura de Doris para acercarla más y bajó la cabeza.
—Amor, ¿a qué hora despertaste?
Su voz tenía esa ronquera matutina que la hacía sonar aún más seductora.
—Hace un minuto —respondió Doris.
—¿Y te quedaste mirándome desde que despertaste? —rio Higinio por lo bajo.
—Pues sí, quién te manda ser tan guapo —dijo Doris levantando la cabeza de su pecho y pellizcándole la barbilla con un tono inquisitivo—. Higi, siento que se me van a romper los huesos. Confiesa, aquella noche en el pueblo, ¿te estabas conteniendo?
Al escucharla, Higinio soltó otra risa suave, la abrazó más fuerte y le susurró al oído con su voz magnética:
—Dori, es verdad, esa noche no usé toda mi energía.
Doris alzó una ceja. ¡Vaya! ¿Esa noche ella lo había pasado tan bien y resulta que Higinio no había dado todo de sí?
¡Con razón esta mañana sentía que no podía ni moverse!
Luego, Higinio continuó explicando:
Higinio sonrió de oreja a oreja.
—Trato hecho, hay que reponerla.
La juventud es breve. Bien dicen que no se puede tener juventud y al mismo tiempo la sabiduría para apreciarla.
Lo mismo pasa con el amor.
Cuando los sentimientos son más intensos y apasionados, hay que disfrutarlos al máximo.
Al fin y al cabo, días tranquilos habrá muchos en el futuro.
***
Como no era una luna de miel, sino una «mini luna de miel», la agenda de citas de Doris e Higinio estaba bastante apretada.
Viajaron en el avión privado que el tío le había regalado a Doris y fueron a Vientario, el lugar de origen de aquellos hongos alucinógenos que alguna vez le provocaron un viaje místico.
Una ciudad de eterna primavera y paisajes románticos.
Se hospedaron en una cabaña rústica con vista a la montaña y al agua. La primera noche decidieron quedarse en la cabaña mirando el mar sin salir. Al día siguiente, se vistieron con ropa de pareja y, siguiendo la guía que Rosalinda les había pasado, recorrieron los puntos turísticos y probaron la comida más representativa del lugar.

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