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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 928

Por la noche, Doris volvió a intentar comer los famosos hongos que la habían hecho alucinar la vez pasada.

—Con razón aquí no te dan los cubiertos antes de servirte los hongos —comentó Doris, sentada muy propia en un banquito al aire libre, con las manos juntas, mirando fijamente la olla humeante frente a ella. Le parecía curioso el sistema.

Sentado a su lado, Higinio también rio:

—Es curioso, sí. Quién sabe cuántos clientes impacientes metieron el tenedor antes de tiempo y terminaron en el hospital local para que se estableciera esta regla.

Doris suspiró:

—La maldita curiosidad humana. Saben que es peligroso, pero no pueden evitar probarlo.

Higinio sonrió:

—Por eso los humanos son tan adorables.

Doris recordó las historias de gente llegando al hospital local hablando con los colores y soltó una carcajada.

—Eso sí.

De repente, unos murmullos de la mesa de al lado se colaron en los oídos de Doris a pesar del ruido ambiental.

—¿Viste eso?

—¡No manches! ¡Sí lo vi! ¡Parecen ser Doris e Higinio! Apenas vi en Twitter que se casaron, no pensé verlos aquí. ¿Será que vinieron de luna de miel?

—¡Ay, no! ¡Qué suerte tenemos! ¡Encontrarnos a estas dos leyendas en persona! ¡Están guapísimos los dos!

—¡Me muero por ir a pedirle un autógrafo a Doris!

—Pero ella y el señor Villar están de luna de miel, no estaría bien molestarlos así de la nada.

—Tienes razón... ay, qué lástima.

Al escuchar esto, Doris volteó hacia la mesa contigua.

Las dos chicas cruzaron miradas con Doris, se pusieron rojas como tomates y apartaron la vista.

Doris sonrió y les hizo una seña con el dedo para que se acercaran.

Las chicas abrieron los ojos como platos y, en cuanto reaccionaron, corrieron hacia ella.

—Doris, hola, somos tus fans.

Luego, aprovecharon para echarle un ojo a Higinio, sentado junto a ella.

¡No inventes! ¡Está guapísimo!

¡Qué buen gusto tiene Doris!

Las chicas casi saltan de la emoción. Sacaron sus celulares torpemente y se acercaron con cuidado a Doris.

Higinio se levantó discretamente y se hizo a un lado.

Después de la foto, las chicas regresaron a su mesa conteniendo los gritos de euforia para admirar las veinte fotos que acababan de tomar.

Si no fuera porque les daba pena interrumpir la luna de miel de Doris y el señor Villar, habrían tomado cien.

Después de comer el guiso de hongos, Doris e Higinio fueron a caminar por el pueblo antiguo.

Había muchos turistas jóvenes y atractivos en el lugar.

Hasta los vendedores ambulantes ofrecían una gran variedad de cosas.

Viendo a tanta gente diferente, Doris comentó:

—Me gusta mucho el ambiente de esta ciudad, se siente muy inclusivo.

—Yo pienso lo mismo.

Al ver un puesto de adivinación al lado del camino, Doris bromeó con Higinio:

—¿Quieres que nos lean la suerte?

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