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Mi Jefe, Mi Cárcel romance Capítulo 9

Aunque no la veía, por su voz podía sentir que era una mujer amable y educada.

Volteé la cara y vi que Jaime tenía una expresión forzada; bajó la voz y me dijo: —Solo di que vienes a recoger el contrato del señor Hernández.

Entendí de inmediato: era su esposa.

—Entendido.

Jaime me soltó la cintura, se dio la vuelta cambiando instantáneamente de expresión y caminó hacia ella con una sonrisa llena de ternura.

—¡Mi amor! —exclamó—. ¿Qué casualidad?

Tal como esperaba, la esposa de Jaime tenía un aire elegante y distinguido. Aunque ya no era joven, conservaba un gran atractivo.

Lea sonrió con dulzura, posó su mano con naturalidad en la solapa del saco de Jaime y, mientras se la arreglaba, dijo: —Vine a dar una vuelta con Abril y las demás, no esperaba encontrarlos a ustedes aquí.

Ese «ustedes» me metió en la jugada sin esfuerzo.

Jaime, con una actitud totalmente profesional, me presentó: —Lea, ella es Isabel, la asistente del señor Hernández de Impulso Aéreo.

Extendí la mano por iniciativa propia. —Mucho gusto, señora. Al señor Hernández le surgió un asunto urgente de último momento y me pidió que le trajera el contrato a Jaime. Mire.

Aproveché para sacar el contrato de mi bolsa.

Jaime se quedó pasmado un instante; obviamente no esperaba que yo improvisara así.

Aunqu no quería, no tuvo más remedio que tomar la pluma, firmar el contrato rápidamente y devolvérmelo.

—Ay, Isabel —dijo Jaime con un tono lleno de intención—, el señor Hernández tiene muy buen ojo al contratar a una asistente tan capaz como tú.

Guardé el contrato. —Jaime, usted bromea. Teniendo a una esposa tan elegante y distinguida a su lado, no me extraña que sus negocios vayan viento en popa.

Lea no me había prestado mucha atención al principio, lo noté en su mirada. Pero mis palabras despertaron su interés y la forma en que me miró cambió.

Como aprobando lo que veía, asintió y dijo: —Esta jovencita no solo es bonita, también es muy lista. Si le echas ganas, tendrás un gran futuro.

Incliné la cabeza hacia Lea. —Gracias por el consejo, señora, y que su boca sea de profeta.

Si no me iba ahora, ¿cuándo?

Les dije: —Señor, señora, ya está el contrato firmado, así que no les quito más tiempo. Me retiro.

Capítulo 9 1

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