— ¡Y tú! —Me señaló—. ¡Púdrete!
—¡Así es como me agradeces que te salvara! —En verdad que esta mujer era una malagradecida
—Nunca… nunca te lo pedí —Intentó caminar, pero lo único que logró fue recostarse en la pared de la casa. Eso me confirmaba que estaba borracha.
Pero lo que más me asombró fue que empezó a reírse sin motivo alguno.
—¡Vamos a tu casa! — la tomé de un brazo
— No me toques… yo … yo puedo sola —puso un cigarrillo en su boca, dio una calada y luego lo tiró al suelo, intentó pisotearlo, pero no pudo. Entonces lo hice en su lugar.
—Ni siquiera puedes hacer eso, mucho menos llegar a tu casa —La tomé nuevamente a fuerzas la llevé hasta su casa, procurando que nadie nos viera—. Deberías tener consideración de tu hermana, es su fiesta de compromiso.
— Ja, ja, ja —se carcajeó—. Así como ella la tuvo conmigo, cuando se acostó con mi prometido
Así que de eso se trataba, Dafne se había acostado con su novio. El imbécil que estaba con ella hace unos momentos.
Caminó hacia su cocina, empezó a buscar en los cajones, sacó una botella, la destapó y la puso en su boca, empezó a tomar como si no tuviera fondo.
—¡Hey tranquila! —Me acerqué y le quité la botella
— ¡De… déjame en paz! —escupió
—¿Cómo que Dafne se acostó con tu prometido? —ella empezó a reírse otra vez —. Génesis responde
La tomé por los hombros. Se soltó de mi agarre y trató de caminar hacia otra habitación, en el camino se quitó los zapatos.
—Deberías ir con tu adorada y perfecta prometida… —ella entró a otra habitación y yo le seguí. Y si se trataba de su habitación, tenía una cama en el centro, un sillón, no estaba mal.
— ¡Genesis! ¿Él era tu prometido?
— Ethan... deja de preguntar lo mismo —la miré detenidamente, Génesis no era nada fea, todo lo contrario, también era hermosa y de seguro lo fuere más, si su talla fuera perfecta, pero al parecer a ella no le importaba ese detalle, al menos eso creía —¡Hey pervertido! Deja de mirarme de esa manera.
—¿Vas a responder mi pregunta? —Ella se acercó, o al menos eso intentó. Tomó los cuellos de mi camisa y acercó mi rostro al suyo. Sus ojos negros me miraban fijamente.
—A veces quisiera vengarme de mi hermana —Habló. El olor a vino combinado a tabaco llegó a mi nariz, Génesis estaba demasiado cerca a pocos centímetros de que sus labios tocaran los míos.
— ¡Gen…! — ¿Qué me pasaba? Me sentía ¿Nervioso?
—¡Shhh! —puso su dedo sobre mis labios, ella no tenía idea de lo que hacía, estando cuerda no se acercaría de esa manera. Se alejó e intentó salir de su habitación, pero lo impedí, tomándola de la cintura.
—Tú no te mueves de aquí, no dejaré que arruines la fiesta que tanto trabajo costó a tu madre —La jale hasta llevarla cerca de su cama.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!